
Antes de Homero y de los grandes autores de Grecia y Roma, la literatura llevaba ya miles de años contando historias.
En las primeras civilizaciones de Mesopotamia, Egipto, India, China y el antiguo pueblo hebreo surgieron relatos, poemas, himnos y textos religiosos que intentaban responder a preguntas que siguen acompañándonos: ¿de dónde venimos?, ¿por qué existe la muerte?, ¿qué significa ser justo?, ¿cómo debemos vivir?, ¿qué ocurre después de morir?
Muchas de aquellas obras nacieron de la tradición oral y solo más tarde fueron fijadas por escrito. Dioses, héroes, monstruos, viajes, diluvios, guerras, amores y búsquedas de inmortalidad comenzaron entonces una larguísima vida literaria. Algunos de esos motivos reaparecerán después en Grecia y Roma y seguirán transformándose durante siglos.
Esta página propone un breve recorrido por cinco grandes tradiciones:
Mesopotamia · Egipto · India · China · Literatura hebrea
1. Las primeras literaturas
1. Las primeras literaturas
La aparición de la escritura permitió conservar relatos que hasta entonces habían circulado principalmente de forma oral. Pero aquellos primeros textos no respondían todavía a nuestra idea moderna de «literatura»: religión, mito, historia, pensamiento y creación poética convivían constantemente.
La palabra se hace materia
Durante siglos, las historias vivieron en la memoria y en la palabra oral. Cuando comenzaron a fijarse por escrito, cada cultura utilizó los materiales que tenía a su alcance.

Mesopotamia — tablillas de arcilla
Egipto — papiro y tinta
India — poderosa transmisión oral; después, manuscritos en hojas de palma y otros soportes
China — bambú, madera, seda y, más tarde, papel
Tradición bíblica — rollos manuscritos sobre piel y papiro
Cambiar el soporte no significa simplemente cambiar de material: modifica la manera de conservar, copiar, transportar y transmitir los textos.
Pero lo verdaderamente importante no era el material sobre el que se escribía, sino las historias que conseguían atravesar el tiempo. Entre ellas ocuparon un lugar fundamental los mitos: relatos protagonizados por dioses, héroes y seres extraordinarios mediante los cuales las sociedades antiguas intentaban explicar el origen del mundo, las fuerzas de la naturaleza, la existencia humana o los límites de nuestra condición.
El mito desempeñó un papel fundamental. A través de historias protagonizadas por dioses, héroes y seres extraordinarios, las sociedades antiguas intentaban explicar el origen del mundo, los fenómenos de la naturaleza, las costumbres humanas o los límites de nuestra existencia.
Pero aquellos relatos hicieron algo más que ofrecer explicaciones.
También comenzaron a construir personajes, conflictos e imágenes capaces de sobrevivir a las culturas que los crearon: el héroe que busca vencer a la muerte, el gran diluvio, el viaje hacia tierras desconocidas, el regreso al hogar, el juicio después de la muerte, el amante que no puede dormir o la guerra que obliga a preguntarse si combatir es realmente lo correcto.
Ideas que empiezan a viajar
Una de las cosas más fascinantes de estas primeras literaturas es descubrir que determinados motivos aparecen en tradiciones muy alejadas entre sí.
No siempre podemos hablar de influencia directa. A veces las historias viajaron y se transformaron; otras veces distintas culturas encontraron respuestas semejantes a experiencias humanas semejantes.
Por eso, más que buscar únicamente «quién contó algo primero», nos interesará observar cómo una misma pregunta puede producir relatos diferentes y cómo esos relatos continúan cambiando con el paso del tiempo.
2. Mesopotamia: cuando un héroe descubrió que era mortal
Entre los ríos Tigris y Éufrates, en la región que los griegos llamarían Mesopotamia, surgieron algunas de las primeras ciudades y también algunos de los testimonios literarios más antiguos que conservamos.
Sumerios, acadios, babilonios y asirios escribieron sobre tablillas de arcilla utilizando escritura cuneiforme. En ellas quedaron fijados himnos, plegarias, relatos míticos, leyes, cartas y narraciones que durante mucho tiempo habían circulado oralmente.
Muchos de aquellos textos intentaban explicar el origen del mundo y las relaciones entre dioses y seres humanos. El Enuma Elish, por ejemplo, narraba la creación del universo y el ascenso del dios Marduk; otros relatos contaban combates entre divinidades, descensos al mundo de los muertos o ciclos relacionados con la fertilidad y las estaciones.
Pero ninguna obra mesopotámica ha alcanzado una importancia comparable a la del Poema de Gilgamesh.
Gilgamesh y Enkidu
Gilgamesh es rey de Uruk, poderoso, orgulloso y de naturaleza parcialmente divina. Su fuerza extraordinaria se ha convertido en un problema para sus propios súbditos, por lo que los dioses crean a Enkidu, un hombre salvaje que vive entre los animales y posee una fuerza comparable a la suya.
Cuando ambos se encuentran, se enfrentan.

Pero ninguno consigue imponerse verdaderamente al otro.
Del combate nace una amistad que transforma a los dos héroes. Juntos emprenden grandes aventuras, combaten contra seres extraordinarios y desafían incluso a los dioses.
Hasta que Enkidu muere.
Y entonces el poema cambia.
El héroe que empieza a tener miedo
Gilgamesh ha vencido monstruos y superado pruebas imposibles, pero descubre algo contra lo que su fuerza no sirve de nada: la muerte.
La pérdida de Enkidu provoca en él una revelación terrible:
si su amigo ha muerto, él también morirá algún día.
A partir de ese momento abandona Uruk y comienza una larga búsqueda de la inmortalidad. Viajará hasta los límites del mundo, conocerá a Siduri, una tabernera que le recuerda que la muerte forma parte de la condición humana, encontrará al superviviente de un antiguo diluvio… y llegará incluso a conseguir una planta capaz de devolver la juventud.
Pero terminará perdiéndola.
Gilgamesh no consigue vencer a la muerte.
Lo que consigue es comprender que ser humano significa vivir sabiendo que la vida tiene un final.
Una historia sorprendentemente cercana
Precisamente por eso Gilgamesh sigue resultando tan moderno.
La amistad, el dolor por la pérdida, el miedo a morir, el deseo de conservar la juventud o la necesidad de encontrar sentido a una vida limitada no pertenecen únicamente a una civilización desaparecida hace miles de años.
Son preguntas que la literatura seguirá formulando una y otra vez.
Y algunas escenas del poema nos resultarán además extrañamente familiares: un gran diluvio, una embarcación en la que se preservan seres vivos, una montaña, aves enviadas para comprobar si las aguas han descendido…
Mucho antes del relato bíblico de Noé, Mesopotamia ya contaba una historia semejante.
📖 Para leer
El enfrentamiento con Enkidu · La muerte del amigo · El consejo de Siduri · El diluvio · La planta de la juventud
3. Egipto: vivir, regresar y afrontar la muerte
Del barro al papiro. Frente a las pesadas tablillas mesopotámicas, el papiro permitió escribir con tinta sobre un soporte ligero, transportable y almacenable. Para los textos cotidianos y literarios se utilizó especialmente la escritura hierática, más rápida que los jeroglíficos monumentales.
La literatura del antiguo Egipto no se limita a himnos religiosos, inscripciones funerarias o textos dedicados a los faraones. También conservamos relatos de viajes, aventuras, conflictos sociales y experiencias personales protagonizados por funcionarios, campesinos, náufragos o viajeros.
Muchos de esos textos comparten una preocupación muy egipcia: el orden. El ser humano pertenece a una familia, a una comunidad y a una tierra; la justicia debe restablecer los desequilibrios y la muerte no constituye necesariamente el final, sino el paso hacia otra forma de existencia.
Sinuhé: regresar al lugar donde está el corazón
Sinuhé: regresar al lugar donde está el corazón
La Historia de Sinuhé comienza con la muerte del faraón Amenemhet I. Sinuhé, funcionario de la corte que se encuentra fuera de palacio acompañando a una expedición militar, oye accidentalmente la noticia, transmitida todavía en secreto. Presa del miedo ante lo que pueda ocurrir durante la sucesión, decide huir de Egipto.
El relato nunca aclara completamente por qué reacciona de una manera tan extrema: nadie lo ha acusado de ningún delito ni sabemos que haya participado en una conspiración. Su propia huida parece nacer del pánico y lo obliga a comenzar una nueva vida lejos de su país.
Sinuhé vive durante años en tierras extranjeras, forma una familia, alcanza riqueza y prestigio y se convierte en un guerrero respetado.
Sin embargo, cuando envejece descubre que todo aquello no basta.
Desea volver.
No quiere simplemente reencontrarse con un paisaje conocido: quiere morir en Egipto, ser embalsamado y recibir allí los ritos funerarios de su cultura. El regreso se convierte así en recuperación de la propia identidad.
Una historia escrita hace casi cuatro mil años habla de algo muy reconocible:
la nostalgia por el lugar al que sentimos que pertenecemos.
El náufrago y la isla maravillosa
Otro relato egipcio comienza con una situación que volveremos a encontrar muchas veces en la literatura: un viaje marítimo que termina en naufragio.
El único superviviente llega a una isla extraordinaria llena de alimentos y riquezas. Allí encuentra una gigantesca serpiente recubierta de oro y lapislázuli.
Todo parece anunciar un monstruo.
Pero la historia toma otro camino.
La serpiente escucha al náufrago, conoce también el dolor de haber perdido a los suyos y acaba convirtiéndose en su protectora y consejera. Finalmente anuncia que llegará un barco y que el hombre podrá regresar a Egipto.
El esquema resulta sorprendentemente familiar:
viaje → naufragio → isla desconocida → ser sobrenatural → regreso.
Cuando lleguemos a Grecia, volveremos a encontrarnos con viajes, islas y criaturas extraordinarias.
La palabra frente al poder
El campesino elocuente presenta un conflicto muy diferente.
Un campesino es engañado, golpeado y despojado de sus bienes por un hombre relacionado con la administración. No posee riquezas, influencia ni fuerza suficiente para enfrentarse a él.
Solo tiene una herramienta:
la palabra.
El campesino presenta una y otra vez sus reclamaciones ante un alto funcionario y sus discursos resultan tan extraordinarios que llegan hasta el propio faraón.
La literatura egipcia convierte así una injusticia cotidiana en una reflexión sobre el poder, la justicia y la capacidad del lenguaje para defender a quien aparentemente no tiene poder alguno.
Después de la muerte: la pesada del corazón
La preocupación por la muerte ocupa un lugar fundamental en la cultura egipcia.
El llamado Libro de los muertos reúne fórmulas, himnos y textos funerarios destinados a ayudar al difunto en su viaje hacia el más allá.
Una de sus escenas más famosas es la pesada del corazón.
El corazón del fallecido se coloca en una balanza frente a la pluma de Maat, símbolo de la verdad, la justicia y el orden. Anubis supervisa la prueba, Thot registra el resultado y la temible Ammit espera para devorar el corazón de quien no consiga superarla.

La imagen contiene una idea poderosa:
las acciones realizadas durante la vida acompañan al ser humano incluso después de la muerte.
Y la balanza utilizada como símbolo de la justicia ha sobrevivido durante milenios hasta llegar a nosotros.
📖 Para leer
Historia de Sinuhé · El relato del náufrago · El campesino elocuente · La pesada del corazón
4. India: la gran epopeya y las preguntas sobre cómo vivir
La antigua literatura india se desarrolló durante siglos en sánscrito y estuvo estrechamente relacionada con la religión, el mito y la reflexión filosófica.
Durante siglos, buena parte de estos textos se transmitió mediante una tradición oral extraordinariamente precisa. Solo posteriormente circularon también en manuscritos realizados sobre materiales como las hojas de palma.
Entre sus obras más importantes destacan dos enormes epopeyas, el Rāmāyaṇa y el Mahābhārata. Esta última es una de las composiciones más extensas de la literatura universal y reúne relatos heroicos, mitos, leyendas, enseñanzas religiosas y reflexiones sobre el deber, la justicia, la guerra o el destino.
Su argumento principal gira en torno al enfrentamiento entre dos ramas de una misma familia, los Pándavas y los Kauravas, cuya rivalidad desemboca en la gran batalla de Kurukshetra.
Cuando el héroe no sabe si debe combatir
Dentro del Mahābhārata se encuentra una obra que ha adquirido vida propia: la Bhagavad-gītā, cuyo título puede traducirse como Canto del Señor.
La escena inicial resulta sorprendente.
Los dos ejércitos están preparados para comenzar la batalla. Arjuna, uno de los grandes guerreros pándavas, pide a su auriga Krishna que sitúe el carro entre ambos bandos para observar a quienes va a combatir.
Entonces reconoce entre sus enemigos a familiares, maestros, amigos y personas queridas.
Y se derrumba.
Arjuna sabe luchar, pero ya no sabe si debe hacerlo.
Deja caer el arco y se pregunta qué sentido puede tener conseguir la victoria si para alcanzarla debe matar precisamente a aquellos con quienes ha compartido su vida.
La epopeya guerrera se detiene así para dar paso a un largo diálogo filosófico.

Actuar sin vivir pendiente del resultado
Krishna intenta convencer a Arjuna de que no puede resolver su conflicto simplemente negándose a actuar.
Entre las ideas que desarrolla aparece una de las más conocidas de la Bhagavad-gītā: el ser humano debe concentrarse en la acción que le corresponde realizar, sin convertir el éxito, la recompensa o el resultado en el único motivo de su conducta.
No se trata necesariamente de actuar sin preocuparse por las consecuencias, sino de reconocer que no podemos controlar completamente aquello que ocurrirá después de nuestras decisiones.
El conflicto de Arjuna convierte así una batalla exterior en otra mucho más compleja:
la lucha de una persona consigo misma antes de decidir qué debe hacer.
Historias dentro de historias
El Mahābhārata no contiene únicamente guerras y reflexiones filosóficas. Como sucede en otras grandes epopeyas, incorpora numerosos relatos secundarios.
Entre ellos se encuentra la historia de Nala y Damayanti, una narración de amor, separación, pérdida y reencuentro que durante siglos ha circulado también de manera independiente.
Esta capacidad para reunir aventuras, mitos, historias amorosas y reflexiones sobre la existencia explica que el Mahābhārata sea mucho más que el relato de una guerra.
Es casi una biblioteca dentro de una epopeya.
📖 Para leer
Bhagavad-gītā. «Actuar sin apego al resultado»
5. China: poesía y leyenda
Antes de la generalización del papel, los textos chinos se escribieron sobre tablillas de bambú y madera y, en determinados contextos, sobre seda.
La literatura china posee una tradición antiquísima y enormemente diversa. Desde muy pronto convivieron en ella poesía, música, reflexión moral, relatos históricos y leyendas transmitidas oralmente.
Entre sus primeras grandes obras destaca el Shi Jing o Clásico de la poesía, una colección de 305 composiciones que reúne canciones, himnos y poemas ceremoniales de épocas muy antiguas.
Muchos de esos textos nacieron vinculados al canto y conservan un lenguaje sencillo, repetitivo y muy próximo a la experiencia cotidiana.
Cuando la naturaleza habla del amor
El primer poema del Shi Jing comienza con aves que se llaman junto al río, plantas acuáticas y un joven incapaz de dormir porque desea a una muchacha.
La naturaleza no aparece simplemente como decoración.
Expresa lo que sienten los personajes.
El río, las aves, las plantas y la música acompañan el deseo, la ausencia y finalmente la unión amorosa.
Esa manera de relacionar paisaje y sentimiento aparecerá una y otra vez en la poesía de culturas muy distintas.
Y hay algo especialmente hermoso en que una de las grandes tradiciones poéticas del mundo empiece con una experiencia tan reconocible:
alguien que no puede dormir porque está enamorado.
Qu Yuan y la voz individual
Otra figura fundamental de la poesía china antigua es Qu Yuan, tradicionalmente situado en el siglo III a. C.
Su nombre está asociado al conjunto de poemas conocido como Chu Ci o Canciones de Chu, caracterizado por un lenguaje más personal, imaginativo y cargado de elementos míticos.
Frente a la brevedad y sencillez de muchas canciones del Shi Jing, en esta tradición aparece con más fuerza la voz individual del poeta, sus conflictos, su relación con el poder y su sentimiento de alejamiento.
No necesitamos detenernos mucho más aquí, pero sí conservar una idea importante: la poesía china antigua no constituye una única forma de escribir, sino que reúne tradiciones muy diferentes entre sí.
Mulan: una balada antes de convertirse en mito
Muchos siglos después encontramos una de las historias chinas más conocidas en todo el mundo: la Balada de Mulan.
El poema cuenta cómo una joven decide ocupar el lugar de su padre cuando este es llamado al ejército. Compra un caballo, parte hacia la guerra, combate durante años y regresa finalmente a casa.
Lo sorprendente es lo poco que se detiene el poema en las hazañas militares.
Diez años de guerra ocupan apenas unos versos.
En cambio, la despedida, el viaje y sobre todo el regreso al hogar reciben mucha más atención.
Cuando Mulan vuelve, rechaza los honores del emperador, recupera su antigua ropa y aparece ante quienes habían luchado junto a ella durante años sin saber que era una mujer.
El poema termina con una imagen sencilla y memorable: cuando dos liebres corren juntas, ¿cómo distinguir cuál es macho y cuál es hembra?
Una Mulan distinta de la que conocemos
Las versiones modernas han transformado profundamente al personaje.
En la balada antigua, Mulan no parte para descubrir quién es ni para demostrar algo al mundo. Su decisión nace de una obligación familiar: proteger a su padre.
Y cuando termina la guerra, no busca poder ni prestigio.
Quiere volver a casa.

Precisamente por eso resulta tan interesante comparar el poema antiguo con sus adaptaciones posteriores: una misma heroína puede cambiar según lo que cada época desea encontrar en ella.
📖 Para leer
Shi Jing. «El deseo que no deja dormir»
Balada de Mulan. «¿Cómo distinguir si soy macho o hembra?»
6. Literatura hebrea: la Biblia
Los textos bíblicos circularon durante siglos en rollos manuscritos. Hallazgos como los Rollos del Mar Muerto permiten contemplar hoy físicamente algunos de esos antiguos modos de transmisión.
Una biblioteca compartida por dos tradiciones
La Biblia no nació como un único libro ni como una obra dividida desde el principio en Antiguo y Nuevo Testamento.
Las escrituras sagradas del judaísmo se fueron formando durante siglos y constituyen lo que suele denominarse Biblia hebrea o Tanaj. En ella se reúnen la Torá —los cinco primeros libros—, los Profetas y otros Escritos, entre ellos los Salmos, Job o el Cantar de los Cantares.
El cristianismo surgió en el siglo I dentro del propio judaísmo. Jesús era judío, al igual que sus primeros seguidores, y las escrituras que conocían eran precisamente las de la tradición hebrea.
Después de la muerte de Jesús, sus seguidores comenzaron a considerarlo el Mesías y el movimiento se extendió también entre personas no judías. Con el tiempo, aquellas comunidades produjeron sus propios textos: Evangelios, cartas, los Hechos de los Apóstoles o el Apocalipsis.
De ahí procede la división cristiana:
Antiguo Testamento → las escrituras heredadas de la tradición judía.
Nuevo Testamento → los escritos surgidos de las primeras comunidades cristianas.
Conviene recordar que «Antiguo Testamento» es una denominación cristiana. El judaísmo no considera sus escrituras la primera parte de una Biblia que deba completarse con el Nuevo Testamento.
Una nueva religión nacida dentro de otra
La separación entre judaísmo y cristianismo no se produjo de repente. Durante las primeras décadas, los seguidores de Jesús formaban todavía parte del mundo judío.
La expansión entre los gentiles, es decir, entre personas no judías, y figuras como Pablo de Tarso fueron fundamentales para que el movimiento adquiriera progresivamente una identidad propia.
Siglos después, aquella pequeña comunidad nacida en los márgenes del Imperio romano terminaría convirtiéndose en la religión dominante de buena parte de Europa.
Babel: cuando las palabras dejan de unir
El Génesis reúne algunos de los grandes relatos bíblicos sobre los orígenes: la creación, Adán y Eva, Caín y Abel, el diluvio o la torre de Babel.

Según este relato, toda la humanidad hablaba inicialmente una misma lengua. Los hombres deciden construir una ciudad y una torre que alcance el cielo para hacerse un nombre y evitar dispersarse.
La intervención divina provoca precisamente lo contrario: sus lenguas se confunden y dejan de comprenderse.
El mito ofrece así una explicación de la diversidad lingüística, pero también construye una poderosa paradoja:
una obra destinada a mantener unidos a los seres humanos termina provocando su incomunicación.
Todavía utilizamos la expresión «torre de Babel» para referirnos a un lugar donde se mezclan muchas lenguas o donde resulta imposible entenderse.
Job: «algo habrás hecho»
El Libro de Job plantea un problema mucho más incómodo.
Job es presentado como un hombre justo que pierde sus bienes, a sus hijos y su salud. Sus amigos intentan encontrar una explicación: si está sufriendo, razonan, debe de haber cometido alguna culpa.
Job se rebela contra esa idea.
Sabe que su desgracia no demuestra que haya hecho nada que la merezca.
El libro continuará desarrollando este conflicto mediante diferentes respuestas religiosas y filosóficas, discutidas durante siglos. Pero una cuestión puede leerse también fuera de cualquier creencia religiosa:
¿por qué sentimos tantas veces la necesidad de buscar en quien sufre la causa de su propio sufrimiento?
La literatura bíblica no contiene aquí una voz dócil: contiene también protesta, dolor y exigencia de explicaciones.
El Cantar de los Cantares: deseo, naturaleza y poesía
Pocos libros de la Biblia resultan tan sorprendentes como el Cantar de los Cantares.
Está formado por poemas en los que dos amantes se buscan, se desean y celebran su encuentro. Primavera, flores, perfumes, frutos, jardines, aves y animales convierten la naturaleza en expresión del deseo amoroso.
La tradición religiosa desarrolló posteriormente diversas interpretaciones alegóricas de esos poemas: el amor entre los amantes podía representar la relación entre Dios y su pueblo o, en la tradición cristiana, entre Dios y el alma.
Esa lectura tendrá enormes consecuencias literarias.
El lenguaje del deseo, la búsqueda del amado, el jardín o el encuentro podrá reaparecer muchos siglos después en la poesía mística para expresar la experiencia religiosa.
Pero antes de cualquier interpretación posterior, permanece el texto:
dos amantes que se llaman, se buscan y no pueden apagar aquello que sienten.
De una muchacha sin nombre a Salomé
El Evangelio según san Marcos cuenta la muerte de Juan Bautista, un predicador muy popular que había criticado públicamente la unión de Herodes Antipas con Herodías, esposa de su hermano fallecido.
Los Evangelios relacionan su encarcelamiento con esa denuncia; el historiador Flavio Josefo ofrece, en cambio, una explicación más política: Herodes habría temido la enorme influencia que Juan ejercía sobre la población.
Durante un banquete, la hija de Herodías danza ante Herodes. El gobernante, complacido, promete concederle lo que pida. Siguiendo el consejo de su madre, la joven exige la cabeza de Juan Bautista.

Lo más curioso es que Marcos no la llama Salomé.
La joven apenas está caracterizada y la petición procede de su madre.
Sin embargo, siglos de tradición terminarán convirtiéndola en Salomé, y la literatura europea transformará profundamente al personaje. En el siglo XIX aparecerá en obras de Flaubert, Mallarmé y Oscar Wilde, y después en la ópera de Richard Strauss.
La muchacha casi anónima del relato bíblico acabará convertida en una de las grandes figuras de la mujer fatal del fin de siglo.
Los cuatro jinetes: imágenes para el fin del mundo
El Apocalipsis utiliza un lenguaje completamente distinto.
Su nombre procede del griego apokálypsis, ‘revelación’ o ‘desvelamiento’, y presenta una sucesión de visiones llenas de símbolos, números, animales, colores y acontecimientos extraordinarios.
Una de las más célebres es la aparición de los cuatro jinetes: caballos blanco, rojo, negro y amarillento que traen consigo imágenes de conquista, guerra, hambre y muerte.
No todos sus símbolos han sido interpretados de la misma manera, y conviene no reducir el libro a una simple «predicción del fin del mundo».
Lo indiscutible es la extraordinaria fuerza de sus imágenes.
Los jinetes reaparecerán durante siglos en pintura, literatura, cine, cómic, música o videojuegos. Alberto Durero los convirtió en uno de sus grabados más famosos y, en 1916, Vicente Blasco Ibáñez utilizó su imagen para titular una novela sobre la devastación de la Primera Guerra Mundial: Los cuatro jinetes del Apocalipsis.
📖 Para leer
La torre de Babel · Job · Cantar de los Cantares · Juan Bautista y Salomé · Los cuatro jinetes del Apocalipsis
📝 PROPUESTAS DE ACTIVIDADES
Algunas historias merecen algo más que ser estudiadas: podemos compararlas, investigarlas, seguir sus huellas y descubrir en qué se han convertido.





