
Analizar un texto no consiste en responder una serie de preguntas aisladas. El tema, las ideas, la estructura, el resumen, la argumentación y las propiedades textuales están relacionados, y cada operación ayuda a comprender mejor las demás.
Por eso conviene seguir un procedimiento ordenado que permita avanzar desde la comprensión global del texto hasta la redacción de las respuestas.
Este método puede organizarse en cuatro grandes fases:
- Comprender el texto.
- Analizar su contenido y su organización.
- Estudiar sus propiedades textuales.
- Redactar y revisar las respuestas.
No todas las preguntas aparecerán siempre en un ejercicio ni será necesario aplicar todos los pasos con la misma profundidad. El objetivo es disponer de un recorrido flexible que permita saber qué hacer ante cualquier texto.
Idea clave: el comentario de texto no es una suma de respuestas independientes, sino un proceso de comprensión en el que cada paso ayuda a comprobar y precisar los demás.
Antes de empezar: comprender qué se pide
Antes de comenzar el análisis detallado conviene realizar tres operaciones que preparan todo el trabajo posterior: leer las preguntas, comprender globalmente el texto y realizar una segunda lectura para seleccionar sus ideas.
Leer las preguntas
Antes de analizar el texto, lee con atención el enunciado del ejercicio.
Comprueba:
- qué aspectos se preguntan;
- si se pide una respuesta breve o desarrollada;
- si debes localizar, explicar o justificar algún elemento;
- si es necesario aportar ejemplos del texto;
- si existe algún límite de extensión.
No exige el mismo trabajo:
Señala dos mecanismos de cohesión.
que:
Analiza los principales mecanismos de cohesión del texto y explica su función.
En el primer caso basta con localizar y clasificar dos ejemplos adecuados. En el segundo tendrás que seleccionar los mecanismos más relevantes, indicar qué elementos relacionan y explicar para qué sirven.
Idea clave: leer las preguntas no significa empezar a responderlas. Sirve para saber qué tendremos que buscar durante la lectura.
Primera lectura: comprender el sentido global
Realiza una primera lectura completa sin detenerte todavía a clasificar argumentos, conectores o mecanismos lingüísticos.
Al terminar deberías poder responder provisionalmente:
- ¿De qué trata el texto?
- ¿Qué cuestión concreta aborda?
- ¿Qué pretende comunicar el emisor?
- ¿Explica principalmente un asunto o defiende también una postura?
- ¿Cuál parece ser la idea más importante?
- ¿Cómo avanza, en términos generales, la información?
En esta primera lectura buscamos comprender el conjunto, no resolver todavía cada apartado del comentario.
Si aparece una palabra desconocida, intenta primero deducir su significado por el contexto. Solo será necesario detenerse en ella si impide comprender una idea fundamental.
Segunda lectura: subrayar y reducir las ideas
En la segunda lectura comienza el análisis más detallado.
Distingue entre:
- ideas principales, indispensables para comprender el texto;
- ideas secundarias, que desarrollan, explican, justifican o ejemplifican las anteriores;
- informaciones accesorias, que podrían eliminarse sin perder el sentido fundamental.
Puede resultar muy útil realizar una breve anotación al margen de cada párrafo:
Párrafo 1: presentación del problema.
Párrafo 2: causas principales.
Párrafo 3: consecuencias.
Párrafo 4: propuesta final.
Estas anotaciones no son todavía el resumen ni el análisis definitivo. Funcionan como una herramienta de trabajo para reducir cada parte a su contenido esencial y empezar a observar cómo progresa el texto.
¿Qué conviene subrayar?
Especialmente:
- conceptos repetidos o relevantes;
- afirmaciones fundamentales;
- tesis o postura del emisor;
- argumentos;
- causas y consecuencias;
- ejemplos que resulten importantes;
- conectores que señalen relaciones;
- expresiones que indiquen cambios de contenido.
Evita:
- subrayar párrafos completos;
- marcar todo lo que parezca llamativo;
- conceder a los ejemplos la misma importancia que a las ideas;
- copiar expresiones sin interpretar qué significan.
Subrayar no consiste en colorear el texto, sino en empezar a establecer una jerarquía entre sus contenidos.
Al terminar esta fase…
Todavía no hemos redactado ninguna respuesta definitiva, pero ya deberíamos disponer de una primera representación del texto:
qué se nos pregunta → de qué trata → qué ideas contiene → cuáles parecen fundamentales
A partir de aquí podremos comenzar el análisis propiamente dicho.
Analizar su contenido y su organización
Una vez comprendido el sentido global del texto, podemos empezar a reconstruir qué dice, qué defiende y cómo organiza sus ideas.
En esta fase conviene avanzar desde lo más general hacia lo más concreto:
modalidad → tema → tesis o idea central → ideas → argumentos → estructura → resumen
Determinar la modalidad textual dominante
Primero debemos identificar qué tipo de texto tenemos delante.
En este itinerario nos interesan especialmente dos posibilidades:
- Texto expositivo: su finalidad principal es explicar, informar o desarrollar un asunto.
- Texto expositivo-argumentativo: combina la explicación de una cuestión con la defensa de una postura.
La presencia de una opinión aislada no convierte automáticamente un texto en argumentativo. Para hablar de argumentación debemos poder reconocer:
- una tesis o postura;
- unas razones destinadas a sostenerla;
- una orientación hacia la aceptación de esa postura.
Muchos textos combinan distintas modalidades. Por eso resulta más adecuado hablar de modalidad dominante y justificar la respuesta a partir de su funcionamiento.
Formular el tema
El tema expresa de manera breve y precisa sobre qué cuestión concreta trata el texto.
Para formularlo:
- Localiza las palabras y conceptos que se repiten.
- Identifica qué cuestión los relaciona.
- Elimina ejemplos, explicaciones y detalles.
- Formula preferentemente un sintagma nominal breve.
- Comprueba que abarque el texto completo.
Evita extremos como:
La inteligencia artificial.
porque resulta demasiado general,
o una formulación que desarrolle ya toda la postura del emisor.
El tema nombra la cuestión; todavía no explica qué sostiene el texto sobre ella.
Identificar la tesis o la idea central
Después debemos determinar qué afirma principalmente el texto.
En los textos expositivos buscaremos la idea central, es decir, la afirmación que sintetiza la información fundamental.
En los textos expositivo-argumentativos identificaremos la tesis, la postura que el emisor pretende defender mediante argumentos.
Para reconocerla podemos preguntarnos:
- ¿Qué quiere que comprendamos o aceptemos?
- ¿Qué afirmación justifican las demás ideas?
- ¿Qué posición adopta ante el problema?
- ¿Podemos formular esa postura mediante una oración completa?
La tesis puede aparecer al principio, al final, retomarse en varios lugares o incluso estar implícita.
Tema: ¿sobre qué cuestión trata?
Tesis o idea central: ¿qué afirma fundamentalmente sobre ella?
Seleccionar y jerarquizar las ideas
A continuación debemos reconstruir el contenido del texto.
No basta con enumerar lo que aparece en cada párrafo. Hay que determinar qué importancia tiene cada idea y qué relación mantiene con las demás.
Una idea puede:
- presentar el asunto;
- definir un concepto;
- explicar una causa;
- señalar una consecuencia;
- desarrollar un aspecto;
- aportar un ejemplo;
- introducir una objeción;
- refutar una postura;
- defender una propuesta;
- cerrar el razonamiento.
Podemos elaborar provisionalmente un pequeño esquema jerarquizado:
1. Idea principal
1.1. Explicación o desarrollo
1.2. Ejemplo o consecuencia2. Idea principal
2.1. Argumento o matiz
Este esquema es una herramienta de trabajo. La respuesta final deberá explicar también cómo se relacionan esas ideas.
Identificar los argumentos
Si el texto es expositivo-argumentativo, debemos localizar las razones utilizadas para defender la tesis.
Para cada argumento conviene determinar:
- qué afirma;
- qué relación mantiene con la tesis;
- de qué tipo es, cuando resulte relevante;
- qué función cumple dentro del razonamiento.
No basta con indicar:
Aparece un argumento de autoridad.
Debemos explicar qué sostiene y para qué se utiliza.
También conviene distinguir entre:
- argumentos;
- ejemplos;
- datos;
- contraargumentos;
- refutaciones.
La clasificación solo resulta útil si nos ayuda a comprender cómo se construye la defensa de la tesis.
Reconstruir la estructura
La estructura muestra cómo se distribuyen y relacionan las ideas a lo largo del texto.
Debemos diferenciar:
Estructura externa
Corresponde a la organización visible: párrafos, títulos, apartados o disposición gráfica.
Estructura interna
Corresponde a la organización del contenido. Para reconstruirla debemos:
- agrupar las ideas relacionadas;
- delimitar las partes;
- explicar qué contenido aparece en cada una;
- indicar qué función cumple;
- describir el recorrido global.
Por ejemplo:
presentación del problema → análisis de sus causas → valoración de una posible solución → propuesta final
En los textos argumentativos también podremos observar la posición de la tesis y determinar si la organización es deductiva, inductiva, encuadrada, paralela u otra combinación.
Pero las etiquetas no sustituyen al análisis.
Lo fundamental es explicar el recorrido real seguido por el texto.
Elaborar el resumen
El resumen debe redactarse después de haber identificado y jerarquizado las ideas.
Partiremos del trabajo realizado anteriormente:
- conserva la información esencial;
- respeta las relaciones lógicas;
- integra las ideas relacionadas;
- redacta con palabras propias;
- elimina ejemplos, repeticiones y detalles secundarios;
- mantén la objetividad;
- revisa la extensión.
Un buen resumen debe ser:
- breve;
- completo;
- claro;
- fiel;
- autónomo;
- redactado con palabras propias.
El resumen no reproduce el recorrido verbal del texto: reconstruye de forma condensada su contenido esencial.
Al terminar esta fase…
Ya deberíamos poder responder con bastante claridad:
qué tipo de texto es → de qué trata → qué afirma → qué ideas desarrolla → qué argumentos utiliza → cómo se organiza → cuál es su contenido esencial
A partir de aquí podremos analizar cómo funciona el texto como unidad comunicativa, es decir, sus propiedades textuales.
Estudiar sus propiedades textuales
Una vez analizados el contenido y la organización del texto, podemos estudiar cómo funciona como unidad comunicativa.
En esta fase aplicaremos lo aprendido sobre:
adecuación → coherencia → cohesión
No se trata de repetir toda la teoría ni de localizar el mayor número posible de rasgos. Debemos seleccionar las evidencias más significativas y explicar qué función cumplen en el texto concreto.
Analizar la adecuación
Para justificar la adecuación debemos relacionar las elecciones lingüísticas con la situación comunicativa.
Conviene observar:
- quién es el emisor y a quién se dirige;
- qué finalidad comunicativa persigue;
- en qué ámbito aparece y a qué género pertenece;
- qué registro utiliza;
- qué grado de objetividad o subjetividad presenta;
- qué marcas muestran la actitud del emisor o su relación con el destinatario;
- si todas esas elecciones resultan apropiadas para la situación.
No es necesario comentar todos los aspectos posibles. Debemos seleccionar aquellos que permitan justificar mejor nuestra respuesta.
La relación fundamental será:
situación comunicativa → elección lingüística → función o adecuación
Por ejemplo:
El empleo de un registro formal pero accesible resulta adecuado para un texto divulgativo dirigido a un público amplio, ya que combina precisión con un vocabulario comprensible para lectores no especializados.
Analizar la coherencia
El análisis de la coherencia parte de todo el trabajo que ya hemos realizado sobre el contenido.
Debemos comprobar:
- si existe un tema reconocible;
- si las ideas se relacionan con él;
- si la información es pertinente y suficiente;
- si las ideas están jerarquizadas;
- si existe una progresión;
- si las relaciones lógicas son comprensibles;
- si aparecen contradicciones, digresiones o saltos;
- si el texto puede interpretarse como una unidad global.
No basta con afirmar:
El texto es coherente porque todas sus ideas están relacionadas.
Debemos explicar cómo contribuyen las diferentes ideas al desarrollo del sentido global.
Por ejemplo:
El texto mantiene la unidad temática alrededor del uso educativo de la inteligencia artificial y progresa desde la presentación de sus posibilidades y riesgos hasta el rechazo de la prohibición y la propuesta de una formación crítica.
La relación que debemos mantener es:
idea → función dentro del desarrollo → contribución al sentido global
Analizar la cohesión
Para estudiar la cohesión debemos seguir los hilos lingüísticos que enlazan las distintas partes del texto.
Podemos observar tres grandes grupos de procedimientos:
Gramaticales
- anáforas y catáforas;
- deixis;
- elipsis;
- pronombres y determinantes;
- otros mecanismos que mantienen los referentes.
Léxico-semánticos
- repeticiones;
- sustituciones léxicas;
- sinonimia y antonimia;
- hiperónimos e hipónimos;
- familias y redes léxicas;
- campos relacionados con los núcleos temáticos.
Discursivos
- conectores;
- organizadores;
- marcadores discursivos.
Pero no debemos convertir el análisis en un catálogo.
Conviene seleccionar:
- las principales cadenas referenciales;
- las redes léxicas que mantienen el tema;
- los conectores que expresan relaciones fundamentales;
- cualquier ambigüedad o problema significativo.
La explicación debe seguir siempre este esquema:
mecanismo → elementos relacionados → función cohesiva
Por ejemplo:
El referente «la inteligencia artificial» se mantiene mediante los pronombres de «utilizarla» y «prohibirla» y mediante expresiones como «esta tecnología». Estos mecanismos evitan la repetición constante y permiten seguir el mismo referente a lo largo del razonamiento.
Relacionar las propiedades textuales
Aunque estudiemos adecuación, coherencia y cohesión por separado, en el texto actúan conjuntamente.
Un mismo recurso puede resultar relevante desde distintas perspectivas.
Por ejemplo, un conector como sin embargo:
- cohesiona porque enlaza lingüísticamente dos fragmentos;
- contribuye a la coherencia porque hace visible una relación de contraste;
- puede intervenir en la adecuación si ayuda al emisor a orientar al destinatario hacia una determinada postura.
Del mismo modo, una forma como debemos puede:
- identificar al emisor e incluir al destinatario;
- expresar obligación;
- mantener una referencia compartida;
- reforzar una intención persuasiva.
Por tanto, no debemos evitar un recurso porque pueda aparecer en más de un apartado. Lo importante es analizarlo desde la perspectiva de la pregunta que estamos respondiendo.
Al terminar esta fase…
Deberíamos poder responder tres preguntas fundamentales:
Adecuación: ¿las elecciones lingüísticas se adaptan a la situación comunicativa?
Coherencia: ¿las ideas forman una unidad comprensible y ordenada?
Cohesión: ¿qué mecanismos lingüísticos permiten seguir los referentes y las relaciones entre las ideas?
Idea clave: estudiar las propiedades textuales no consiste en acumular etiquetas, sino en seleccionar evidencias y explicar cómo contribuyen al funcionamiento global del texto.
Preparar y redactar las respuestas
Una vez realizado el análisis, todavía queda una fase esencial: convertir todo lo que hemos observado en respuestas claras, justificadas y bien organizadas.
Un comentario no mejora por acumular información. Debemos seleccionar lo verdaderamente relevante, planificar qué queremos demostrar y redactar cada respuesta como un pequeño texto explicativo.
Recorrido final:
seleccionar evidencias → planificar → redactar → revisar
Seleccionar las evidencias
No es necesario utilizar todos los ejemplos que hayamos localizado durante el análisis.
Conviene seleccionar aquellos que mejor permitan demostrar nuestra respuesta:
- las formulaciones que expresen la tesis o idea central;
- los argumentos fundamentales;
- los principales cambios en la organización del texto;
- las marcas de adecuación más significativas;
- las cadenas cohesivas centrales;
- los conectores que articulen el razonamiento;
- posibles contradicciones, ambigüedades o problemas relevantes.
Antes de utilizar una evidencia debemos preguntarnos:
¿Qué demuestra este ejemplo y por qué es relevante para mi respuesta?
Si no podemos explicar su función, probablemente no merezca ocupar espacio.
Idea clave: no se trata de citar mucho, sino de seleccionar bien y explicar mejor.
Planificar cada respuesta
Antes de comenzar a escribir conviene preparar brevemente qué queremos decir.
Un esquema general útil puede ser:
- Respuesta inicial: contesta directamente a la pregunta.
- Evidencias: selecciona uno o varios ejemplos concretos.
- Explicación: indica qué demuestra cada ejemplo y qué función cumple.
- Cierre: resume el resultado del análisis cuando sea necesario.
Por ejemplo, si nos preguntan:
¿Es coherente el texto? Justifica tu respuesta.
podemos preparar previamente:
Eje temático: uso educativo de la inteligencia artificial.
Progresión: posibilidades y riesgos → rechazo de la prohibición → propuesta educativa.
Relaciones: contraste y consecuencia.
Conclusión: unidad temática, progresión lógica y ausencia de contradicciones.
Esta planificación evita empezar a redactar sin saber qué queremos demostrar ni adónde debe conducir la respuesta.
Redactar de forma integrada
Las respuestas deben constituir pequeños textos explicativos, no listas de etiquetas.
Conviene:
- responder desde la primera oración;
- utilizar terminología precisa;
- incorporar ejemplos breves cuando sean necesarios;
- explicar la función de cada evidencia;
- relacionar las ideas mediante conectores;
- evitar repeticiones;
- cerrar la respuesta cuando resulte necesario.
No basta con escribir:
El texto es coherente porque tiene tema, tesis, ideas principales y estructura.
Una respuesta mejor sería:
El texto presenta coherencia porque todas sus ideas desarrollan una misma cuestión y siguen una progresión reconocible. Tras presentar las posibilidades y riesgos del uso de la inteligencia artificial, se cuestiona la eficacia de su prohibición y se propone finalmente una formación crítica. De este modo, cada parte contribuye al desarrollo de la tesis y el razonamiento mantiene su unidad.
La diferencia es fundamental:
nombrar un rasgo ≠ explicar cómo funciona
Una buena respuesta debe permitir comprender qué hemos encontrado, dónde aparece y por qué resulta significativo.
Revisar el comentario
Antes de entregar, debemos revisar tanto el contenido como la expresión.
Revisión del contenido
Comprueba:
- ¿He respondido exactamente a lo que se pregunta?
- ¿He diferenciado correctamente tema, tesis e idea central?
- ¿He seleccionado las ideas fundamentales?
- ¿He explicado la estructura y no solo dividido el texto?
- ¿He mantenido la objetividad en el resumen?
- ¿He justificado mis afirmaciones mediante evidencias?
- ¿He explicado la función de los recursos que menciono?
- ¿He distinguido adecuación, coherencia y cohesión?
- ¿He evitado incluir información irrelevante?
Revisión de la redacción
Comprueba:
- ¿La respuesta está ordenada?
- ¿Las oraciones son claras?
- ¿He utilizado conectores adecuados?
- ¿He evitado repeticiones innecesarias?
- ¿Las citas son breves y exactas?
- ¿He utilizado correctamente la terminología?
- ¿He revisado la ortografía y la puntuación?
- ¿He respetado la extensión solicitada?
Idea clave: el análisis termina cuando la respuesta permite a otra persona comprender no solo qué hemos encontrado, sino también por qué resulta importante para interpretar el texto.
Al terminar esta fase…
El trabajo completo habrá recorrido cuatro grandes momentos:
comprender qué se pide → analizar el contenido y la organización → estudiar las propiedades textuales → preparar, redactar y revisar las respuestas
Ya no tendremos simplemente una colección de observaciones sobre el texto, sino un comentario argumentado, organizado y respaldado por evidencias.
El método en diez pasos
Todo el procedimiento puede resumirse en diez pasos fundamentales. Este esquema funciona como una guía rápida para recordar qué hacer cuando nos enfrentamos a un texto completo.
1. Lee las preguntas
Antes de comenzar, comprueba qué se solicita exactamente, qué tipo de respuesta debes elaborar y si necesitas localizar, explicar o justificar determinados aspectos.
2. Realiza una primera lectura global
Lee el texto completo para comprender:
- de qué trata;
- qué pretende comunicar;
- cuál parece ser su idea fundamental;
- y cómo avanza, en términos generales, la información.
Todavía no es necesario resolver cada apartado.
3. Relee y subraya las ideas fundamentales
En una segunda lectura, distingue:
- ideas principales;
- ideas secundarias;
- información accesoria.
Puedes realizar breves anotaciones por párrafos o unidades de contenido para empezar a reconstruir el desarrollo del texto.
4. Identifica la modalidad dominante
Determina si predomina:
- la exposición, cuando la finalidad principal es explicar o informar;
- o la exposición-argumentación, cuando además se defiende una postura mediante razones.
Justifica siempre la elección a partir del funcionamiento real del texto.
5. Formula el tema y la tesis o idea central
Establece primero sobre qué cuestión concreta trata el texto.
Después determina:
- la idea central, si predomina la exposición;
- la tesis, si existe una postura argumentativa.
Tema: ¿de qué trata?
Tesis o idea central: ¿qué afirma fundamentalmente sobre esa cuestión?
6. Selecciona y jerarquiza las ideas y los argumentos
Reconstruye el contenido distinguiendo:
- ideas principales;
- desarrollos secundarios;
- argumentos;
- ejemplos;
- datos;
- objeciones;
- refutaciones;
- conclusiones o propuestas.
No basta con localizar estos elementos: hay que comprender qué función cumple cada uno y cómo se relaciona con los demás.
7. Reconstruye la estructura y redacta el resumen
Agrupa las ideas en partes significativas y explica:
- dónde se sitúan;
- qué contenido desarrollan;
- qué función cumplen;
- y qué recorrido sigue el texto.
A partir de las ideas seleccionadas, redacta después un resumen breve, fiel, coherente y autónomo.
8. Analiza las propiedades textuales cuando se soliciten
Aplica el procedimiento correspondiente:
Adecuación: situación comunicativa → elección lingüística → función
Coherencia: idea → función → contribución al sentido global
Cohesión: mecanismo → elementos relacionados → función cohesiva
Selecciona únicamente las evidencias más relevantes.
9. Selecciona las evidencias y planifica cada respuesta
Antes de escribir, decide:
- qué afirmación vas a realizar;
- qué ejemplos la demuestran;
- qué debes explicar sobre ellos;
- y cómo cerrarás la respuesta.
respuesta → evidencia → explicación → cierre
Esta breve planificación evita comenzar a escribir sin saber qué queremos demostrar.
10. Redacta y revisa el comentario
Construye respuestas claras, organizadas y justificadas.
Antes de entregar, comprueba:
- que respondes exactamente a lo preguntado;
- que utilizas correctamente la terminología;
- que explicas la función de las evidencias;
- que las respuestas están bien organizadas;
- que has revisado ortografía y puntuación;
- y que respetas la extensión solicitada.
Un método flexible
Estos diez pasos muestran un orden de trabajo recomendable, pero no constituyen una secuencia completamente rígida.
Durante el análisis puede ser necesario volver atrás:
- una estructura bien reconstruida puede ayudarte a precisar la tesis;
- una cadena léxica puede confirmar cuál es el tema;
- un argumento puede obligarte a revisar la relación entre dos ideas;
- la redacción del resumen puede revelar que has concedido demasiada importancia a un detalle.
Por tanto, analizar un texto implica también comprobar y corregir nuestras primeras interpretaciones.
Idea final: el comentario de texto no es una suma de respuestas aisladas. Es un proceso de comprensión en el que cada operación ayuda a comprobar y precisar las demás.nual: el orden no es completamente rígido. El alumno puede volver atrás porque unas operaciones ayudan a confirmar otras.
