
Un texto no está formado por una simple sucesión de oraciones. Para funcionar como una unidad comunicativa, debe adaptarse a la situación en la que se produce, organizar sus ideas de manera comprensible y establecer relaciones entre sus diferentes elementos.
Estas condiciones se estudian mediante tres propiedades fundamentales:
- Adecuación: el texto se adapta a la situación comunicativa.
- Coherencia: las ideas forman un conjunto organizado y comprensible.
- Cohesión: las distintas partes del texto se relacionan mediante procedimientos lingüísticos.
Pero en un comentario de texto no basta con conocer sus definiciones ni con localizar algunos rasgos. Debemos aprender a reconocer cómo se manifiestan en un texto concreto, seleccionar las evidencias más significativas y explicar qué función cumplen.
Por eso, ante las propiedades textuales no nos limitaremos a afirmar:
El texto es adecuado, coherente y está bien cohesionado.
Una afirmación de este tipo no demuestra nada. El análisis debe apoyarse en rasgos concretos del texto y explicar cómo contribuyen a su funcionamiento y a la construcción de su sentido.
Idea clave: las propiedades textuales no se califican: se justifican mediante evidencias.
En esta subpágina aprenderemos, por tanto, a:
justificar la adecuación → explicar la coherencia → localizar y comentar la cohesión
Cómo justificar la adecuación
La adecuación es la propiedad por la que un texto se adapta a la situación comunicativa en la que se produce.
Para justificarla no basta con identificar mecánicamente quién es el emisor, quién es el receptor, cuál es el canal o qué código se utiliza. Debemos explicar por qué las elecciones realizadas por quien escribe resultan apropiadas para el contexto, el destinatario y la finalidad del texto.
Idea clave: justificar la adecuación consiste en relacionar
situación comunicativa → elección lingüística → función.
¿Qué debemos observar?
Antes de redactar la respuesta conviene fijarse en varios aspectos.
Ámbito y género
Debemos determinar en qué ámbito circula el texto —periodístico, académico, científico-técnico, jurídico-administrativo, publicitario, literario…— y a qué género discursivo pertenece.
La fuente puede ofrecer una pista, pero no basta por sí sola. Un texto publicado en un periódico puede ser una noticia, un reportaje, una entrevista, un editorial o un artículo de opinión.
Emisor y destinatario
No siempre conocemos exactamente a las personas que participan en la comunicación, pero podemos caracterizar el papel que desempeñan.
Debemos preguntarnos:
- ¿quién escribe y desde qué posición?
- ¿se dirige a especialistas o a un público amplio?
- ¿presupone conocimientos previos?
- ¿mantiene distancia respecto al lector o intenta implicarlo?
Finalidad comunicativa
Debemos identificar qué pretende conseguir fundamentalmente el emisor:
- informar;
- explicar;
- convencer;
- denunciar;
- orientar;
- recomendar;
- provocar una reflexión;
- o combinar varias finalidades.
La intención no se adivina: se deduce de lo que el texto dice y de cómo lo dice.
Registro
El registro debe analizarse en relación con la situación comunicativa.
Podemos observar:
- el grado de formalidad;
- el nivel de especialización del vocabulario;
- la complejidad de las construcciones;
- la presencia de tecnicismos;
- los rasgos coloquiales;
- el tono adoptado.
No basta con afirmar que el registro es formal, culto o coloquial. Debemos señalar qué rasgos permiten reconocerlo y por qué resulta apropiado para el destinatario, el género y la finalidad.
Objetividad y subjetividad
Muchos textos combinan información y valoración, especialmente los expositivo-argumentativos.
Entre las posibles marcas de objetividad podemos encontrar:
- tercera persona;
- oraciones enunciativas;
- léxico denotativo y preciso;
- datos y referencias;
- construcciones impersonales;
- ausencia o reducción de valoraciones explícitas.
La subjetividad puede manifestarse mediante:
- primera persona;
- léxico valorativo;
- modalizadores;
- expresiones de obligación;
- interrogaciones retóricas;
- apelaciones al receptor;
- adjetivos o adverbios valorativos.
No debemos limitarnos a localizar estas marcas. Hay que explicar qué postura manifiestan o qué efecto producen.
Relación con el destinatario
El emisor puede mantener distancia, mostrarse cercano, incluir al lector dentro de un grupo o dirigirse directamente a él.
Por ejemplo, una primera persona del plural como:
Debemos aprender a utilizar estas herramientas de forma crítica.
puede incluir al destinatario en una responsabilidad compartida.
Ese recurso puede resultar adecuado en un texto persuasivo, mientras que sería menos esperable en un informe técnico que pretendiera mantener una presentación estrictamente objetiva.
Cómo seleccionar las evidencias
Una buena respuesta no debe convertirse en una lista de todos los rasgos lingüísticos que encontremos.
Debemos seleccionar aquellos que mejor permitan explicar:
- qué tipo de situación comunicativa se ha construido;
- a quién se dirige el texto;
- qué pretende conseguir;
- qué elecciones lingüísticas permiten alcanzar esa finalidad.
Antes de incluir un ejemplo podemos preguntarnos:
¿Este rasgo me ayuda realmente a explicar por qué el texto se adapta a su destinatario, su género y su finalidad?
Si la respuesta es no, probablemente no sea necesario comentarlo.
De la localización al comentario
No es lo mismo reconocer un rasgo que analizarlo.
Localización:
Aparece la primera persona del plural.
Comentario:
La primera persona del plural incluye al lector en la responsabilidad defendida por el emisor y refuerza la finalidad persuasiva del texto.
Otro ejemplo:
Localización:
Aparece una interrogación retórica.
Comentario:
La interrogación retórica implica directamente al lector, lo invita a cuestionarse la postura planteada y contribuye a la intención argumentativa.
La evidencia demuestra que el rasgo existe; la explicación demuestra que comprendemos para qué se utiliza.
Procedimiento práctico
Para justificar la adecuación podemos seguir este recorrido:
- Identifica el ámbito y el género.
- Caracteriza al emisor y al destinatario.
- Determina la finalidad predominante.
- Analiza el registro empleado.
- Selecciona marcas significativas de objetividad, subjetividad o apelación.
- Relaciona cada evidencia con su función.
- Explica finalmente por qué esas elecciones resultan adecuadas para la situación comunicativa.
No es necesario desarrollar siempre todos estos aspectos con la misma extensión. Cada texto exige seleccionar aquello que resulte verdaderamente significativo.
Idea clave: una buena respuesta sobre la adecuación no demuestra que conocemos los elementos de la comunicación, sino que sabemos explicar cómo un texto adapta su lenguaje a un destinatario, una finalidad, un género y un contexto concretos.
Para profundizar
En el Manual del alumno encontrarás un desarrollo más amplio del ámbito y el género, el emisor y el destinatario, la finalidad, el registro, la objetividad y la subjetividad, así como ejemplos resueltos, casos de inadecuación, errores frecuentes y una plantilla orientativa para redactar la respuesta.
Cómo explicar la coherencia
La coherencia es la propiedad que permite interpretar un texto como una unidad de sentido. Un texto coherente desarrolla un asunto reconocible, selecciona información relacionada con él y organiza sus ideas mediante relaciones comprensibles.
Para explicarla no basta con afirmar:
El texto es coherente porque todas sus ideas están relacionadas.
Debemos demostrar cómo se seleccionan, se organizan y progresan las ideas para construir un sentido global.
Idea clave: explicar la coherencia consiste en relacionar
idea seleccionada → función dentro del razonamiento → contribución al sentido global.
¿Qué debemos comprobar?
Antes de redactar, conviene observar cinco aspectos fundamentales:
Unidad temática
¿Todas las ideas se relacionan con un mismo asunto?
Sentido global
¿Qué tema, tesis o idea central organiza el conjunto?
Selección
¿La información incluida resulta pertinente y suficiente?
Organización
¿Las ideas aparecen jerarquizadas y relacionadas de forma lógica?
Progresión
¿El texto hace avanzar la información o se limita a repetir lo mismo?
Estas preguntas sirven para orientar el análisis. No tienen que convertirse necesariamente en cinco apartados independientes de la respuesta.
Identificar el eje que da unidad al texto
El primer paso consiste en reconocer el núcleo de significado alrededor del cual se organizan las ideas.
Para ello podemos aprovechar el análisis realizado anteriormente:
- el tema permite reconocer de qué trata el texto;
- la tesis muestra qué postura se defiende, cuando existe;
- la idea central sintetiza su contenido fundamental.
Sin embargo, nombrar ese eje no basta.
No es suficiente afirmar:
Todas las ideas tratan sobre el uso de la inteligencia artificial.
Debemos explicar cómo contribuyen a desarrollar ese núcleo:
Los posibles beneficios de la inteligencia artificial, sus riesgos, el rechazo de una prohibición absoluta y la propuesta de enseñar a utilizarla críticamente contribuyen a desarrollar una misma postura sobre su incorporación educativa.
Reconocer el tema permite localizar el eje; explicar cómo las ideas contribuyen a desarrollarlo permite justificar la coherencia.
Comprobar la selección de la información
Un texto coherente incorpora información pertinente para su tema, su finalidad y su desarrollo.
Debemos comprobar:
- si las ideas guardan relación con el núcleo temático;
- si contribuyen a explicar, demostrar, matizar o desarrollar la idea central;
- si aparecen informaciones innecesarias que provoquen una digresión;
- si falta algún dato imprescindible para comprender el razonamiento.
No toda información secundaria rompe la coherencia. Un ejemplo, una explicación o un dato pueden resultar perfectamente pertinentes si cumplen una función dentro del conjunto.
La cuestión no es si una información es secundaria, sino si contribuye al sentido global del texto.
Observar la jerarquía de las ideas
No todas las informaciones poseen la misma importancia.
Podemos distinguir entre:
- la idea central o tesis;
- las ideas principales que desarrollan sus distintos aspectos;
- las ideas secundarias que explican, concretan, ejemplifican, justifican o matizan las anteriores.
Esta jerarquía no depende necesariamente de los párrafos ni del orden de aparición.
Un párrafo puede desarrollar varias ideas y una misma idea puede prolongarse a lo largo de varios párrafos.
Por ello, debemos preguntarnos qué función cumple cada información dentro del conjunto, no simplemente dónde aparece.
Explicar la progresión de la información
Un texto coherente no solo mantiene un mismo tema: también avanza.
Cada parte se apoya en lo anterior y aporta algún contenido nuevo.
La progresión puede seguir recorridos muy diferentes:
presentación → explicación
problema → causas → consecuencias
tesis → argumentos
afirmación → objeción → refutación
situación → propuesta
casos particulares → conclusión general
Por ejemplo:
La información progresa desde la presencia habitual de los móviles entre los adolescentes hasta los problemas que ocasionan en los centros. Después se rechaza su prohibición absoluta y se propone una regulación educativa de su uso.
Explicar este recorrido demuestra que hemos comprendido cómo se construye progresivamente el sentido.
Reconocer las relaciones lógicas entre las ideas
Las ideas no aparecen simplemente una detrás de otra. Mantienen relaciones de significado.
Entre las más frecuentes encontramos:
- causa;
- consecuencia;
- adición;
- contraste;
- concesión;
- problema y solución;
- afirmación y ejemplo;
- generalización y particularización;
- objeción y refutación;
- conclusión.
Estas relaciones pueden aparecer de manera explícita o implícita.
Por ejemplo:
Estas herramientas pueden ofrecer respuestas falsas. Los alumnos deben aprender a comprobar la información.
Aunque no aparece un conector, podemos interpretar una relación lógica entre el riesgo señalado y la necesidad de adoptar una respuesta educativa.
Aquí resulta fundamental distinguir coherencia y cohesión:
La coherencia explica qué relación lógica existe entre las ideas.
La cohesión analiza qué recurso lingüístico contribuye a expresar esa relación.
Un conector puede ayudarnos a reconocer una relación, pero su presencia no garantiza por sí sola que el texto sea coherente.
Coherencia global y coherencia local
La coherencia puede observarse en dos niveles.
Coherencia global
Afecta al texto completo: todas sus partes deben contribuir a construir un sentido reconocible y organizado.
Coherencia local
Afecta a la relación entre ideas próximas: dos afirmaciones consecutivas deben ser compatibles y mantener una relación comprensible.
Un texto puede presentar una organización global clara y contener, sin embargo, alguna relación local confusa, una digresión puntual o una contradicción menor.
Por tanto, no siempre es necesario afirmar simplemente que un texto es coherente o incoherente: podemos matizar nuestro análisis.
Utilizar la estructura para justificar la coherencia
El análisis de la estructura realizado anteriormente constituye una evidencia fundamental.
Pero no debemos repetirlo.
En la estructura explicábamos:
qué partes tiene el texto y qué función cumple cada una.
Ahora utilizamos esa información para demostrar:
por qué esa organización permite construir un sentido global comprensible.
Por ejemplo, no basta con señalar que el texto presenta problema, argumentos y solución. Debemos explicar que ese recorrido conduce de manera lógica desde la presentación del conflicto hasta la propuesta defendida.
Cómo seleccionar las evidencias
No es necesario volver a comentar todas las ideas del texto.
Conviene escoger aquellas evidencias que mejor permitan demostrar:
- cuál es el eje que unifica el contenido;
- qué ideas principales lo desarrollan;
- cómo se jerarquizan;
- cómo progresa la información;
- qué relaciones lógicas resultan especialmente significativas;
- si aparecen contradicciones, digresiones, repeticiones o saltos.
Antes de incluir una observación podemos preguntarnos:
¿Esto explica cómo contribuye una idea al sentido global o cómo se relaciona con otra?
Si únicamente estamos contando qué dice el texto, todavía estamos resumiendo, no explicando su coherencia.
Procedimiento práctico
Para explicar la coherencia podemos seguir este recorrido:
- Recupera el tema, la tesis o la idea central.
- Identifica el eje que unifica el texto.
- Selecciona las ideas principales que lo desarrollan.
- Comprueba que la información sea pertinente y suficiente.
- Observa la jerarquía entre ideas principales y secundarias.
- Explica cómo progresa la información.
- Selecciona las relaciones lógicas más significativas.
- Comprueba si existen contradicciones, digresiones, repeticiones o saltos.
- Redacta una explicación integrada relacionando todas las observaciones con el sentido global.
Idea clave: una buena respuesta sobre la coherencia no demuestra únicamente que hemos comprendido cada idea por separado, sino cómo todas ellas colaboran en la construcción de un sentido global.
Para profundizar
En el Manual del alumno encontrarás un desarrollo más amplio de la coherencia global y local, la selección y suficiencia de la información, la jerarquía, la progresión temática, las relaciones lógicas y los posibles problemas de coherencia, además de ejemplos resueltos, errores frecuentes y una plantilla orientativa.
Cómo localizar y comentar la cohesión
La cohesión es la propiedad textual que conecta lingüísticamente las distintas partes de un texto. Gracias a ella, las oraciones y los párrafos no aparecen como unidades aisladas, sino enlazados mediante palabras y construcciones que permiten mantener los referentes, prolongar el tema y expresar las relaciones entre las ideas.
Mientras que la coherencia se refiere a las relaciones de significado que construyen el sentido global, la cohesión se manifiesta mediante recursos lingüísticos concretos.
Por eso, analizar la cohesión no consiste únicamente en localizar mecanismos y ponerles nombre. Debemos explicar:
- qué mecanismo aparece;
- dónde se encuentra;
- qué elementos relaciona;
- qué información permite recuperar;
- qué relación establece;
- y cómo contribuye a la continuidad y comprensión del texto.
Idea clave: localizar un mecanismo demuestra que sabemos reconocerlo; explicar qué relaciona y qué función cumple demuestra que comprendemos su funcionamiento.
¿Qué debemos buscar?
Los principales mecanismos de cohesión pueden agruparse en tres grandes conjuntos:
Procedimientos gramaticales
Permiten recuperar referentes, evitar repeticiones innecesarias y mantener la continuidad entre las oraciones.
Entre ellos destacan:
- anáfora;
- catáfora;
- deixis;
- elipsis.
Procedimientos léxico-semánticos
Mantienen y desarrollan el tema mediante repeticiones y relaciones de significado entre las palabras.
Podemos encontrar:
- recurrencia léxica;
- sustitución léxica;
- sinonimia;
- antonimia;
- hiperonimia e hiponimia;
- campos semánticos y asociativos.
Procedimientos discursivos
Relacionan las ideas y orientan al lector en el desarrollo del texto.
Entre ellos encontramos:
- conectores;
- organizadores del discurso;
- marcadores discursivos o pragmáticos.
No todos los textos emplean los mismos procedimientos ni debemos comentar todos los que aparezcan. El objetivo es seleccionar los más significativos y explicar su funcionamiento.
Procedimientos gramaticales
Anáfora
La anáfora se produce cuando una expresión remite a un elemento mencionado anteriormente, denominado antecedente.
La inteligencia artificial ya forma parte de la vida de muchos estudiantes. La utilizan para buscar información.
El pronombre la recupera el referente la inteligencia artificial.
No basta con escribir:
«La» es una anáfora.
Debemos indicar su antecedente y explicar su función:
El pronombre «la» retoma anafóricamente «la inteligencia artificial», mantiene el mismo referente y evita repetir el sintagma completo.
Catáfora
La catáfora realiza el movimiento contrario: una expresión anticipa una información que aparecerá después.
Esto es lo verdaderamente importante: que los alumnos aprendan a comprobar la información.
Esto anticipa el contenido posterior.
La catáfora puede servir para crear una expectativa y dirigir la atención del lector hacia la información que sigue.
Deixis
La deixis señala elementos tomando como referencia la situación comunicativa.
Podemos encontrar:
- deixis personal: identifica a los participantes;
- deixis temporal: sitúa los hechos respecto al momento de la comunicación;
- deixis espacial: los sitúa respecto al lugar;
- deixis textual: remite a distintas partes del propio discurso.
Por ejemplo:
Debemos enseñar a utilizar estas herramientas de forma crítica.
La primera persona del plural identifica al emisor e incluye al destinatario dentro de una responsabilidad compartida.
Un mismo elemento puede ser relevante para varias propiedades. En este caso, debemos puede estudiarse en la cohesión porque mantiene la referencia a los participantes y también en la adecuación porque muestra la relación que el emisor establece con el destinatario.
Elipsis
La elipsis consiste en omitir una palabra o un grupo de palabras que pueden recuperarse mediante el contexto.
Algunos estudiantes utilizan la inteligencia artificial para buscar información; otros, para revisar sus textos.
En la segunda parte se omite una información que el lector puede recuperar a partir de la primera.
La elipsis cohesiona cuando el elemento omitido se reconstruye con claridad. Si existen varios referentes posibles, puede provocar ambigüedad y dificultar la interpretación.
Procedimientos léxico-semánticos
Recurrencia
La repetición de determinadas palabras o de elementos relacionados con ellas ayuda a mantener visible el tema.
Sin embargo, no basta con localizar una palabra repetida. Debemos explicar qué referente o núcleo temático mantiene a lo largo del texto.
Sustitución léxica
Un mismo referente puede mantenerse mediante expresiones diferentes.
La inteligencia artificial ha entrado en las aulas. Esta tecnología ofrece nuevas posibilidades educativas.
Esta tecnología sustituye a la inteligencia artificial y permite continuar hablando del mismo referente sin repetir exactamente la misma expresión.
La sustitución puede, además, añadir información o valoración:
Los alumnos copiaron el trabajo mediante una aplicación. Este fraude fue detectado por el profesor.
Este fraude no solo recupera el hecho anterior: también lo interpreta.
Sinonimia y antonimia
La sinonimia permite mantener una misma realidad mediante palabras de significado semejante:
jóvenes → adolescentes
La antonimia puede relacionar distintas partes mediante una oposición:
beneficios → riesgos
prohibir → educar
En textos argumentativos, estas oposiciones pueden resultar especialmente importantes porque ayudan a construir contrastes entre posturas o alternativas.
Hiperonimia e hiponimia
Un hiperónimo engloba palabras de significado más específico, denominadas hipónimos.
Los estudiantes utilizan ordenadores, tabletas y teléfonos móviles. Estos dispositivos facilitan el acceso a la información.
Dispositivos recoge los tres elementos anteriores, resume la enumeración y permite continuar el texto sin repetirla.
Campos semánticos y asociativos
La presencia de varias palabras relacionadas con un mismo ámbito puede crear una red léxica que mantiene el núcleo temático.
Por ejemplo:
estudiantes · aula · profesor · tareas · evaluación
No basta con enumerarlas. Debemos explicar qué ámbito común construyen y cómo contribuyen a mantener el tema.
Procedimientos discursivos
Conectores
Los conectores relacionan ideas y hacen explícita la relación lógica que existe entre ellas.
Entre las relaciones más frecuentes encontramos:
- adición: además, asimismo, también;
- contraste: pero, sin embargo, en cambio;
- concesión: aunque, aun así;
- causa: porque, puesto que, debido a;
- consecuencia: por ello, por tanto, en consecuencia;
- ejemplificación: por ejemplo;
- reformulación: es decir, en otras palabras;
- conclusión: en definitiva, en conclusión, en suma.
No basta con escribir:
Aparecen los conectores pero y por eso.
Debemos precisar su función:
«Pero» contrapone las ventajas de una herramienta con sus posibles riesgos, mientras que «por eso» presenta como consecuencia la necesidad de adoptar determinadas medidas.
Aquí vuelve a ser importante distinguir:
Coherencia: qué relación lógica mantienen las ideas.
Cohesión: qué elemento lingüístico hace visible esa relación.
Organizadores del discurso
Los organizadores ayudan a ordenar las diferentes partes:
en primer lugar · a continuación · por otra parte · por último
Pueden señalar el inicio, la continuidad, el cambio de aspecto o el cierre de una explicación.
Su comentario debe indicar qué partes organizan y qué recorrido permiten reconocer.
Marcadores discursivos o pragmáticos
Algunas expresiones no solo relacionan partes del texto, sino que orientan la interpretación del lector:
sin duda · en realidad · ahora bien · desde luego
Por ejemplo:
Sin duda, la tecnología ofrece nuevas posibilidades. Ahora bien, también plantea riesgos.
Sin duda presenta la primera afirmación como evidente, mientras que ahora bien introduce una objeción o limitación.
Estos elementos pueden estudiarse también desde otras perspectivas, como la modalización. En cohesión nos interesa especialmente cómo orientan y enlazan el desarrollo discursivo.
De los mecanismos aislados a las cadenas cohesivas
La cohesión no suele depender de un único recurso.
Un mismo referente puede mantenerse a lo largo del texto mediante una combinación de:
repetición → sustitución léxica → pronombre → elipsis
Por ejemplo:
La inteligencia artificial está cada vez más presente en las aulas. Esta tecnología ofrece nuevas posibilidades, aunque también plantea riesgos. Muchos estudiantes la utilizan ya de forma habitual.
Aquí encontramos una cadena cohesiva:
la inteligencia artificial → esta tecnología → la
Analizar esta cadena resulta más útil que limitarse a señalar tres mecanismos independientes, porque permite explicar cómo se mantiene el mismo referente a lo largo del texto.
Cómo seleccionar las evidencias
Una respuesta sobre cohesión no debe convertirse en un catálogo de pronombres, repeticiones y conectores.
Conviene seleccionar:
- una o dos cadenas referenciales significativas;
- alguna red léxica que mantenga el tema;
- los conectores u organizadores fundamentales para seguir el razonamiento;
- algún mecanismo especialmente relevante o problemático.
Antes de incluir un ejemplo podemos preguntarnos:
¿Este recurso ayuda a explicar cómo se mantiene un referente, cómo continúa el tema o cómo se relacionan y organizan las ideas?
Si no cumple una función significativa, probablemente no sea necesario comentarlo.
Procedimiento práctico
Para localizar y comentar la cohesión podemos seguir este recorrido:
- Identifica los referentes principales del texto.
- Sigue las formas que los recuperan: pronombres, determinantes, sustituciones, repeticiones o elipsis.
- Localiza posibles anáforas y catáforas e identifica con precisión su referente.
- Observa la deixis cuando resulte significativa.
- Busca las relaciones léxico-semánticas que mantienen el tema.
- Identifica los conectores y organizadores más importantes.
- Determina qué ideas o partes relaciona cada uno.
- Agrupa los mecanismos que formen cadenas cohesivas.
- Selecciona únicamente las evidencias más representativas.
- Explica siempre su función dentro del texto.
La relación fundamental debe mantenerse en todo momento:
mecanismo → elementos relacionados → función cohesiva
Idea clave: una buena respuesta sobre la cohesión no consiste en encontrar muchas etiquetas, sino en seguir los hilos lingüísticos que mantienen los referentes, prolongan el tema y enlazan las ideas del texto.
Para profundizar
En el Manual del alumno encontrarás un desarrollo más amplio de la anáfora, la catáfora, la deixis, la elipsis, la recurrencia, la sustitución léxica, la sinonimia, la antonimia, la hiperonimia, los campos semánticos y asociativos, los conectores, los organizadores y los marcadores discursivos, además de cadenas cohesivas, ejemplos resueltos, problemas de cohesión, errores frecuentes y una plantilla orientativa.
