
FINALIDAD Y RASGOS BÁSICOS
¿Qué es un texto expositivo?
Un texto expositivo tiene como finalidad principal transmitir información y explicar un tema de forma clara, ordenada y comprensible. Puede presentar un hecho, desarrollar un concepto, describir un fenómeno o explicar sus causas, consecuencias o funcionamiento.
Encontramos textos expositivos en libros de texto, enciclopedias, artículos divulgativos, informes, manuales, noticias explicativas o trabajos académicos.
¿Cuál es su finalidad?
La exposición pretende que el receptor comprenda una información. Por eso, el emisor organiza las ideas y emplea los recursos necesarios para facilitar su comprensión: definiciones, ejemplos, clasificaciones, comparaciones, datos o explicaciones de causas y consecuencias.
Según sus destinatarios, podemos distinguir:
Exposiciones divulgativas, dirigidas a un público amplio y escritas con un lenguaje accesible.
Exposiciones especializadas, destinadas a receptores con conocimientos previos y caracterizadas por una mayor precisión técnica.
Rasgos básicos del texto expositivo
Aunque pueden variar según el tema, la situación comunicativa y sus destinatarios, los textos expositivos suelen presentar estos rasgos:
Claridad: la información debe expresarse de manera comprensible.
Orden: las ideas aparecen organizadas y relacionadas siguiendo una estructura reconocible.
Precisión: se emplean las palabras necesarias para evitar ambigüedades.
Objetividad: predomina la presentación de información sobre la expresión de opiniones personales.
Vocabulario específico: pueden aparecer términos propios de la materia tratada, especialmente en las exposiciones especializadas.
Recursos explicativos: se utilizan definiciones, ejemplos, enumeraciones, clasificaciones, comparaciones, datos o relaciones de causa y consecuencia.
Conectores y organizadores: expresiones como en primer lugar, por ejemplo, es decir, por tanto o sin embargo ayudan a relacionar y ordenar la información.
Idea clave: un texto no es expositivo simplemente porque contenga datos. Lo es cuando su finalidad principal consiste en explicar una información y hacerla comprensible.
En la práctica, la exposición puede combinarse con otras formas del discurso. Un texto puede explicar un asunto y, al mismo tiempo, incluir una descripción, una breve narración o incluso argumentos. Para analizarlo correctamente, debemos identificar cuál es su finalidad predominante.
IDENTIFICACIÓN DEL TEMA
¿Qué es el tema?
El tema expresa de qué trata concretamente un texto. Debe recoger su contenido esencial mediante una formulación breve y precisa.
No debe confundirse con el asunto, que es más general:
Asunto: realidad amplia de la que habla el texto.
Tema: aspecto concreto de esa realidad que desarrolla el texto.
Por ejemplo:
Asunto: el sueño.
Tema: las consecuencias de la falta de sueño en los adolescentes.
El asunto nos sitúa en un campo general; el tema precisa qué aspecto de ese campo aborda el texto.
¿Cómo podemos identificarlo?
Para localizar el tema, conviene seguir estos pasos:
1. Realizar una primera lectura para comprender el sentido global.
2. Preguntarse: ¿de qué realidad general habla el texto?
3. Precisar después: ¿qué aspecto concreto de esa realidad explica?
4. Comprobar que la formulación abarca el texto completo y no solo uno de sus párrafos.
5. Eliminar detalles, ejemplos y datos secundarios.
El título puede proporcionar una pista, pero no siempre expresa el tema con suficiente precisión. Por eso, debemos comprobar nuestra propuesta mediante la lectura del texto completo.
¿Cómo se formula?
El tema suele expresarse mediante un sintagma nominal breve, sin convertirlo en una oración completa:
– Las causas del cambio climático.
– El funcionamiento de la memoria humana.
– Las ventajas y los riesgos de las redes sociales.
– La evolución de los medios de comunicación.
– Las consecuencias del abandono rural.
No existe una extensión exacta, pero una buena formulación debe ser:
– Breve, porque no resume todo el contenido;
– Concreta, porque no se limita a nombrar un asunto general;
– Completa, porque abarca el conjunto del texto;
– Fiel, porque no añade interpretaciones ni opiniones personales.
Errores frecuentes
1. Formular un asunto demasiado general
La contaminación.
Esta formulación no indica qué explica el texto sobre ella.
Mejor: Las causas y consecuencias de la contaminación marina.
2. Redactar un resumen en lugar del tema
El texto explica que los plásticos llegan al mar, perjudican a numerosas especies y pueden incorporarse a la cadena alimentaria.
Aquí ya se están desarrollando varias ideas del texto.
Mejor: El impacto de los residuos plásticos en los ecosistemas marinos.
3. Seleccionar solo una idea parcial
Si el texto explica las causas, las consecuencias y algunas soluciones al abandono rural, formular como tema:
Las causas del abandono rural.
Deja fuera una parte importante del contenido.
Mejor: Las causas, consecuencias y posibles soluciones del abandono rural.
4. Copiar el título sin comprobarlo
Un título puede ser metafórico, llamativo o demasiado general. Un planeta de plástico, por ejemplo, no formula necesariamente el tema con precisión.
Posible tema: La expansión de los residuos plásticos y sus efectos medioambientales.
5. Añadir una opinión o valoración personal
El grave y vergonzoso problema de la contaminación marina.
El tema debe reflejar el contenido del texto sin introducir valoraciones que este no contenga.
Mejor: Las consecuencias de la contaminación marina.
Idea clave: el tema no cuenta todo lo que dice el texto. Nombra de manera breve y precisa la cuestión concreta que desarrolla.
Comprobación final
Antes de dar por válido el tema, pregúntate:
– ¿Es más preciso que una sola palabra?
– ¿Abarca el texto completo?
– ¿He evitado los ejemplos y detalles secundarios?
– ¿Es breve y comprensible?
– ¿Refleja el contenido sin añadir mi opinión?
Si la respuesta es afirmativa, la formulación probablemente identifica correctamente el tema.
SELECCIÓN Y JERARQUIZACIÓN DE IDEAS
Comprender un texto no consiste únicamente en saber de qué trata. Para poder resumirlo y analizar su estructura, debemos identificar qué ideas contiene, cuáles son esenciales y cómo se relacionan entre sí.
Este proceso implica dos operaciones:
Seleccionar: distinguir la información necesaria de los ejemplos, aclaraciones y detalles prescindibles.
Jerarquizar: establecer qué ideas son principales y cuáles dependen de ellas, las desarrollan o las explican.
No toda la información tiene la misma importancia
En un texto expositivo podemos encontrar distintos niveles de información:
– Ideas principales: contienen la información esencial para comprender el texto. Si se eliminan, se pierde una parte importante de su sentido.
– Ideas secundarias: desarrollan, explican, justifican, concretan o amplían las ideas principales.
– Detalles: aportan ejemplos, cifras, nombres, fechas, anécdotas o precisiones que enriquecen la explicación, pero no siempre son necesarios para conservar su contenido esencial.
Por ejemplo:
Dormir lo suficiente es fundamental para el rendimiento académico de los adolescentes. Durante el sueño, el cerebro organiza y consolida la información aprendida. Diversos estudios indican que quienes duermen menos de siete horas presentan mayores dificultades de atención. Por eso, mantener horarios regulares de descanso favorece el aprendizaje.
Podemos organizar la información así:
– Idea principal: dormir lo suficiente favorece el rendimiento académico de los adolescentes.
– Idea secundaria: durante el sueño, el cerebro consolida la información aprendida.
– Idea secundaria: la falta de sueño provoca dificultades de atención.
– Detalle: la referencia concreta a quienes duermen menos de siete horas.
– Consecuencia o conclusión: mantener horarios regulares de descanso favorece el aprendizaje.
¿Cómo reconocer una idea principal?
Una idea suele ser principal cuando:
– Resulta necesaria para comprender el sentido global del texto;
– Desarrolla directamente el tema;
– Contiene una información de la que dependen otras;
– Aparece explicada, ampliada o ejemplificada;
– No puede eliminarse sin que el texto pierda una parte esencial de su contenido.
Podemos aplicar la prueba de supresión:
Si elimino esta información, ¿se pierde algo fundamental para comprender el texto?
Si la respuesta es afirmativa, probablemente estamos ante una idea principal. Si el texto sigue conservando su sentido esencial, puede tratarse de una idea secundaria o de un detalle.
Esta prueba debe utilizarse con cuidado: una idea puede expresarse de forma breve y ser imprescindible, mientras que un ejemplo puede ocupar varias líneas y resultar secundario. La extensión no determina la importancia.
¿Cómo reconocer las ideas secundarias?
Las ideas secundarias dependen de una idea principal y cumplen alguna función respecto a ella. Pueden:
- explicarla;
- definir un concepto;
- señalar sus causas o consecuencias;
- establecer una comparación;
- presentar una clasificación;
- aportar una aclaración;
- ilustrarla mediante ejemplos o datos;
- desarrollar alguno de sus aspectos.
Para reconocerlas, podemos preguntarnos:
¿Qué idea está explicando, ampliando o concretando esta información?
Si podemos vincularla claramente con otra idea más general, estamos estableciendo su jerarquía.
Un párrafo no equivale siempre a una idea
Los párrafos ayudan a organizar el texto, pero no debemos identificar automáticamente un párrafo con una idea:
- un mismo párrafo puede contener varias ideas;
- una idea puede desarrollarse a lo largo de varios párrafos;
- un párrafo muy breve puede contener una idea esencial;
- un párrafo extenso puede estar formado principalmente por ejemplos;
- dos párrafos diferentes pueden desarrollar aspectos de una misma idea principal.
Por eso, la división en párrafos sirve como primera orientación, pero la selección debe basarse en el contenido y en las relaciones entre las ideas.
Procedimiento para seleccionar y jerarquizar
1. Realiza una lectura global
Lee el texto completo antes de empezar a subrayar. Necesitas comprender su sentido general para valorar correctamente la importancia de cada información.
2. Formula provisionalmente el tema
El tema te ayudará a decidir qué ideas están directamente relacionadas con la cuestión central del texto.
3. Localiza las ideas de cada parte
Pregúntate qué información aporta cada párrafo o grupo de párrafos. Exprésala con tus propias palabras mediante una frase breve.
4. Elimina lo accesorio
Separa provisionalmente:
- ejemplos;
- repeticiones;
- aclaraciones;
- enumeraciones demasiado detalladas;
- cifras o nombres no esenciales;
- anécdotas y datos ilustrativos.
Eliminar lo accesorio no significa que esa información carezca de valor. Significa que no resulta imprescindible para reconstruir el contenido esencial.
5. Agrupa las ideas relacionadas
Comprueba qué ideas desarrollan un mismo aspecto del tema. Varias informaciones concretas pueden reunirse bajo una idea más general.
Por ejemplo:
- Reduce el consumo energético;
- Disminuye la emisión de gases contaminantes;
- Limita la explotación de materias primas.
Estas informaciones podrían agruparse en una idea superior:
El reciclaje produce importantes beneficios medioambientales.
6. Establece la jerarquía
Distingue:
- Las ideas principales;
- Las ideas secundarias que dependen de ellas;
- Los detalles o ejemplos que las ilustran.
No basta con confeccionar una lista: hay que descubrir qué relación existe entre las ideas.
7. Comprueba el resultado
Al terminar, revisa si con las ideas seleccionadas puede reconstruirse el sentido global del texto sin necesidad de volver al original.
Del subrayado al esquema de ideas
Subrayar puede ayudar, pero no constituye por sí mismo un análisis. Si se subraya demasiado, deja de distinguirse lo esencial; si se copian fragmentos aislados, puede perderse la relación entre ellos.
Después del subrayado, conviene transformar la información en un pequeño esquema:
- Idea principal 1
- idea secundaria;
- explicación o consecuencia.
- Idea principal 2
- idea secundaria;
- ejemplo relevante, solo si resulta imprescindible.
- Idea principal 3
- conclusión o resultado.
Este esquema servirá después como base para elaborar el resumen y analizar la estructura del texto.
Errores frecuentes
1. Subrayarlo casi todo
Si toda la información aparece marcada, no se ha realizado ninguna selección.
2. Confundir importancia con extensión
Una explicación extensa o varios ejemplos pueden depender de una idea principal expresada en una sola oración.
3. Copiar literalmente oraciones del texto
Copiar puede impedir comprobar si se ha comprendido realmente la información. Es preferible formular cada idea con palabras propias.
4. Elaborar una lista sin jerarquía
Anotar todas las ideas en el mismo nivel oculta cuáles organizan el contenido y cuáles se limitan a desarrollarlo.
5. Eliminar información esencial por considerarla un detalle
Una fecha, una cifra o un ejemplo suelen ser secundarios, pero pueden resultar fundamentales si el texto se construye alrededor de ellos. Su función debe valorarse dentro del conjunto.
6. Seleccionar únicamente una idea por párrafo
La organización gráfica orienta, pero no sustituye el análisis del contenido.
Idea clave: seleccionar consiste en conservar lo esencial; jerarquizar consiste en descubrir qué ideas organizan el texto y cuáles dependen de ellas.
Comprobación final
Antes de avanzar, pregúntate:
– ¿He identificado todas las ideas necesarias para comprender el texto?
– ¿He eliminado ejemplos, repeticiones y detalles prescindibles?
– ¿He distinguido las ideas principales de las secundarias?
– ¿Sé qué función cumple cada idea respecto a las demás?
– ¿He evitado identificar automáticamente cada párrafo con una única idea?
– ¿Podría reconstruir el contenido esencial a partir de mi esquema?
Si puedes responder afirmativamente, ya dispones de la base necesaria para elaborar el resumen.
ELABORACIÓN DEL RESUMEN
¿Qué es un resumen?
Un resumen es una síntesis breve, clara y ordenada del contenido esencial de un texto. Debe permitir que quien no haya leído el original comprenda sus ideas fundamentales y la relación que existe entre ellas.
Resumir no consiste en acortar el texto frase por frase, sino en reconstruir su contenido esencial después de haber seleccionado y jerarquizado las ideas.
Por eso, el resumen es el resultado de un proceso previo:
- Comprender el texto.
- Identificar el tema.
- Seleccionar las ideas principales.
- Jerarquizar las ideas secundarias.
- Eliminar la información accesoria.
- Redactar una síntesis coherente con palabras propias.
¿Qué información debe incluir?
El resumen debe recoger:
– Las ideas principales del texto;
– Las ideas secundarias imprescindibles para comprenderlas;
– Las relaciones esenciales entre las ideas: causa, consecuencia, contraste, problema, solución, secuencia, etc.;
– La progresión general del contenido.
En cambio, normalmente deben eliminarse:
– Ejemplos meramente ilustrativos;
– Datos, cifras, nombres y fechas no esenciales;
– Enumeraciones demasiado detalladas;
– Aclaraciones y explicaciones secundarias;
– Repeticiones;
– Anécdotas;
– Citas textuales;
– Valoraciones personales del alumno.
Sin embargo, ninguna clase de información es accesoria por naturaleza. Una cifra, un ejemplo o una fecha pueden ser esenciales si desempeñan una función central en el texto. Hay que valorar siempre la función que cumplen dentro del conjunto.
Del esquema de ideas al resumen
Antes de redactar, conviene partir del esquema obtenido al seleccionar y jerarquizar las ideas. El resumen no debe reproducir ese esquema como una lista, sino convertirlo en un texto cohesionado.
Supongamos que hemos identificado estas ideas:
– El sueño resulta esencial para el aprendizaje.
- Durante el descanso se consolida la información aprendida.
- La falta de sueño reduce la atención.
– Los adolescentes duermen menos de lo necesario.
- Influyen los horarios y el uso nocturno de dispositivos.
– Es necesario fomentar hábitos regulares de descanso.
Una posible redacción sería:
El sueño desempeña un papel fundamental en el aprendizaje, ya que permite consolidar la información y mantener la atención. Sin embargo, muchos adolescentes descansan menos de lo necesario debido a sus horarios y al uso nocturno de dispositivos. Por ello, conviene fomentar hábitos de descanso regulares.
El resumen conserva las ideas esenciales y sus relaciones, pero elimina detalles y las expresa mediante una redacción propia.
¿Cómo se redacta?
1. Parte de las ideas, no de las frases originales
No intentes resumir cada oración por separado. Revisa el esquema de ideas y redacta a partir de él. De este modo evitarás copiar la estructura y las palabras del texto.
2. Agrupa la información relacionada
Varias ideas concretas pueden integrarse en una formulación más general.
Por ejemplo:
El tráfico emite gases contaminantes. Las industrias liberan sustancias nocivas. La producción energética continúa dependiendo de combustibles fósiles.
Puede sintetizarse como:
Diversas actividades humanas provocan emisiones contaminantes.
Esta operación debe conservar el sentido del original sin añadir afirmaciones que el texto no contenga.
3. Respeta la relación entre las ideas
Un buen resumen no es una simple sucesión de informaciones. Debe mostrar si una idea:
- Causa otra;
- Es su consecuencia;
- Se opone a ella;
- La explica;
- Plantea un problema;
- Propone una solución;
- Forma parte de una enumeración;
- Aparece antes o después en una secuencia.
Los conectores ayudan a expresar estas relaciones: porque, por ello, además, sin embargo, en cambio, finalmente…
4. Emplea palabras propias
El resumen debe demostrar que has comprendido el contenido. Por eso, conviene reformular la información y evitar copiar oraciones completas.
No es necesario sustituir todos los términos: las palabras técnicas, los conceptos esenciales y los nombres que no tienen un equivalente preciso pueden mantenerse.
5. Redacta un texto autónomo
El resumen debe entenderse sin consultar el original. Evita expresiones que dependan de él:
- «Como se ha dicho anteriormente…».
- «Este problema…», si no se ha nombrado antes.
- «El segundo de ellos…», si no se sabe a qué se refiere.
- «Por estas razones…», si las razones no aparecen en el resumen.
6. Revisa y reduce
Una vez redactado, comprueba si puede eliminarse alguna información sin perder el contenido esencial. Resumir exige concisión, pero no debe convertir el texto en una formulación incompleta o telegráfica.
Características de un buen resumen
Un resumen adecuado debe ser:
– Fiel: respeta el sentido del texto y no añade información;
– Completo: recoge todas las ideas esenciales;
– Breve: elimina lo accesorio y evita repeticiones;
– Claro: permite comprender el contenido con facilidad;
– Coherente: organiza las ideas siguiendo una progresión lógica;
– Cohesionado: relaciona adecuadamente sus partes;
– Objetivo: no incorpora opiniones ni valoraciones personales;
– Autónomo: puede comprenderse sin acudir al texto original;
– Personal: está redactado, en lo posible, con palabras propias.
¿Qué extensión debe tener?
No existe una proporción válida para todos los textos. La extensión dependerá de la longitud y la densidad informativa del original, así como de las instrucciones de la actividad.
Como orientación, suele ocupar aproximadamente entre una cuarta y una tercera parte del texto original, pero esta proporción no debe aplicarse mecánicamente. Lo importante es que recoja todo lo esencial sin desarrollar detalles secundarios.
Si la actividad establece una extensión máxima, habrá que respetarla.
Errores frecuentes
1. Copiar fragmentos del texto
Unir varias oraciones del original no demuestra que se haya comprendido ni garantiza una síntesis coherente.
2. Resumir párrafo por párrafo
Este procedimiento suele producir una enumeración de informaciones y conserva detalles innecesarios. Las ideas pueden agruparse de manera diferente a la distribución en párrafos.
3. Limitarse al tema
El texto trata sobre los efectos de la falta de sueño.
Esto identifica el tema, pero no resume qué explica el texto sobre él.
4. Incluir ejemplos y detalles accesorios
Si un ejemplo solo sirve para ilustrar una idea ya recogida, puede eliminarse. El resumen debe conservar la idea que demuestra, no necesariamente el ejemplo.
5. Añadir opiniones personales
Expresiones como afortunadamente, por desgracia, es evidente que o creo que introducen la valoración del alumno.
6. Comentar la actuación del autor
El autor explica el problema y después ofrece varias soluciones.
Esta formulación describe cómo está construido el texto, pero no resume su contenido.
Mejor: El problema se debe a… y puede afrontarse mediante…
7. Utilizar fórmulas de presentación
Conviene evitar comienzos como:
- «El texto habla de…».
- «El autor nos cuenta…».
- «En este texto se explica…».
- «El texto trata sobre…».
Estas expresiones ocupan espacio sin aportar contenido. Es preferible comenzar directamente con la información esencial.
8. Redactar de forma telegráfica
Suprimir conectores, determinantes o verbos no produce un resumen más eficaz, sino una lista difícil de comprender.
9. Alterar el sentido del texto
Al generalizar o reformular, puede introducirse una relación que el original no establece. Cada afirmación debe poder justificarse a partir del texto.
Idea clave: un resumen no reproduce las palabras del texto ni comenta cómo está escrito: reconstruye su contenido esencial de forma breve, fiel y coherente.
Comprobación final
Antes de darlo por terminado, pregúntate:
– ¿Se entiende sin leer el texto original?
– ¿Recoge todas las ideas principales?
– ¿He incluido solo las ideas secundarias necesarias?
– ¿He conservado las relaciones esenciales entre las ideas?
– ¿He eliminado ejemplos, repeticiones y detalles prescindibles?
– ¿Está redactado principalmente con palabras propias?
– ¿He evitado fórmulas como «el texto trata de» o «el autor explica»?
– ¿He añadido alguna opinión o información que no aparecía en el original?
– ¿Es un texto coherente y cohesionado, y no una lista?
– ¿Respeta la extensión solicitada?
Si todas las respuestas son afirmativas, el resumen cumple su función.
ANÁLISIS DE LA ESTRUCTURA Y ORGANIZACIÓN DE LA INFORMACIÓN
Analizar la estructura de un texto consiste en explicar cómo se distribuyen y se relacionan sus ideas para desarrollar el tema. No basta con dividirlo en párrafos ni con enumerar lo que dice cada uno: debemos descubrir qué partes forman el texto, qué función cumple cada una y qué relación existe entre ellas.
Este análisis se apoya en el trabajo anterior de selección y jerarquización. Cuando ya hemos identificado las ideas principales y secundarias, podemos observar el plan que organiza el contenido.
Estructura externa y estructura interna
Conviene distinguir dos aspectos:
– La estructura externa es la organización visible del texto: título, subtítulos, párrafos, apartados, gráficos, imágenes, cuadros, etc.
– La estructura interna es la organización de su contenido: las partes temáticas que podemos establecer, las ideas desarrolladas en cada una y las relaciones que las conectan.
Los párrafos proporcionan pistas importantes, pero estructura externa e interna no siempre coinciden:
– Una parte temática puede ocupar varios párrafos;
– Un mismo párrafo puede contener más de una idea;
– Dos párrafos pueden cumplir conjuntamente una misma función;
– Un cambio de párrafo no implica necesariamente un cambio de parte.
Por eso, no debemos limitar el análisis a señalar: «primer párrafo», «segundo párrafo» y «tercer párrafo». La división debe justificarse a partir del contenido.
¿Cómo se divide un texto en partes?
Una parte del texto está formada por una idea principal y, cuando las hay, por las ideas secundarias que la desarrollan. Para localizarla, podemos observar:
– La aparición de una nueva idea principal;
– Un cambio de aspecto dentro del tema;
– El paso de las causas a las consecuencias;
– La transición de un problema a sus soluciones;
– El comienzo de una comparación o clasificación;
– Un cambio temporal o espacial;
– La presencia de conectores que ordenan la información;
– El paso de una explicación general a ejemplos o casos concretos;
– La aparición de una conclusión o síntesis.
Antes de dividir el texto, conviene preguntarse:
¿Qué idea o función da unidad a este fragmento y lo diferencia del siguiente?
Las partes deben abarcar el texto completo, no solaparse y responder a verdaderos cambios en el desarrollo de la información.
La función de cada parte
Después de delimitar las partes, debemos explicar qué aporta cada una al conjunto. En un texto expositivo, una parte puede:
– Presentar o delimitar el tema;
– Definir un concepto;
– Explicar un fenómeno;
– Describir sus características;
– Establecer una clasificación;
– Exponer sus causas;
– Desarrollar sus consecuencias;
– Presentar un problema;
– Proponer soluciones;
– Comparar dos realidades;
– Ofrecer ejemplos o datos;
– Resumir la información;
– Extraer una conclusión.
No todos los textos expositivos presentan necesariamente una introducción, un desarrollo y una conclusión claramente diferenciados. Estas denominaciones solo deben utilizarse cuando describan de verdad la organización del texto. Es más preciso indicar la función concreta de cada parte.
Por ejemplo:
1. Presentación del problema de la contaminación marina.
2. Explicación de sus principales causas y consecuencias.
3. Exposición de algunas medidas para reducirla.
Esta formulación informa mejor sobre la estructura que una simple división en «introducción, desarrollo y conclusión».
Principales formas de organizar la información
Los textos expositivos pueden organizar sus ideas siguiendo distintos modelos. Los más frecuentes son los siguientes.
1. Enumeración o descripción
Se presentan sucesivamente las características, propiedades, componentes o tipos de una realidad.
Un texto sobre las energías renovables puede explicar, por separado, la energía solar, la eólica y la hidráulica.
Son frecuentes los conectores y organizadores como en primer lugar, además, por otra parte, finalmente.
2. Secuencia temporal o de proceso
La información se ordena cronológicamente o mediante las distintas fases de un proceso.
Un texto puede explicar las etapas de una investigación científica o la evolución histórica de los medios de comunicación.
Aparecen expresiones como primero, después, a continuación, posteriormente, por último.
3. Causa y consecuencia
El texto explica los factores que originan un fenómeno y los efectos que produce.
El aumento de las temperaturas provoca el deshielo y contribuye a la subida del nivel del mar.
Podemos encontrar conectores como porque, debido a, como consecuencia, por ello, de ahí que.
4. Problema y solución
Se presenta una dificultad o situación problemática y después se exponen una o varias respuestas posibles.
Tras explicar el aumento de los residuos urbanos, el texto propone reducir el consumo, reutilizar los productos y mejorar el reciclaje.
Son habituales expresiones como el problema consiste en, para resolverlo, una posible solución, se propone.
5. Comparación y contraste
Se muestran las semejanzas y diferencias entre dos o más realidades.
Un texto puede comparar la enseñanza presencial y la enseñanza a distancia.
Aparecen conectores como del mismo modo, al igual que, en cambio, mientras que, a diferencia de.
6. Clasificación
Una realidad general se divide en categorías siguiendo un criterio determinado.
Los textos expositivos pueden clasificarse, según sus destinatarios, en divulgativos y especializados.
Suelen emplearse expresiones como se divide en, se distinguen, existen varios tipos, por una parte, por otra.
7. Pregunta y respuesta
El texto formula una cuestión y desarrolla después la explicación que permite responderla.
¿Por qué soñamos? A partir de esta pregunta, el texto presenta distintas explicaciones científicas.
La pregunta puede aparecer expresamente o estar implícita en el desarrollo.
8. De lo general a lo particular o de lo particular a lo general
La información también puede organizarse según la dirección que sigue la explicación:
– Estructura deductiva o analizante: parte de una idea general y después la desarrolla mediante explicaciones, aspectos particulares, datos o ejemplos.
– Estructura inductiva o sintetizante: comienza con datos, casos o ideas particulares y conduce progresivamente a una conclusión general.
Por ejemplo:
– Deductiva: se afirma que el sueño resulta esencial para el aprendizaje y después se explican sus efectos sobre la memoria y la atención.
– Inductiva: se presentan varios efectos de la falta de sueño y finalmente se concluye que descansar adecuadamente es esencial para aprender.
Estas denominaciones solo deben emplearse cuando pueda reconocerse con claridad esa dirección en la organización del contenido.
Un texto puede combinar varias estructuras
Estos modelos no son compartimentos cerrados. Un mismo texto puede presentar una organización general de problema y solución y, dentro de una de sus partes, explicar las causas y consecuencias del problema. También puede ordenar cronológicamente un proceso e incluir después una comparación.
Por tanto, debemos distinguir:
– La estructura predominante, que organiza el conjunto;
– Las relaciones secundarias, que aparecen dentro de alguna de sus partes.
No se trata de escoger una etiqueta a toda costa, sino de explicar fielmente cómo avanza la información.
Los conectores como pistas
Los conectores y organizadores discursivos pueden ayudarnos a reconocer las relaciones entre las ideas:
– Orden: en primer lugar, a continuación, finalmente.
– Adición: además, asimismo, también.
– Explicación: es decir, esto es, en otras palabras.
– Ejemplificación: por ejemplo, así, en concreto.
– Causa: porque, debido a, puesto que.
– Consecuencia: por tanto, por ello, en consecuencia.
– Contraste: sin embargo, en cambio, mientras que.
– Conclusión: en definitiva, en conclusión, en suma.
Sin embargo, los conectores son solo indicios. La relación puede existir aunque no aparezca expresada mediante un marcador, y un mismo conector puede adquirir valores diferentes según el contexto. El análisis debe basarse siempre en el sentido.
Procedimiento para analizar la estructura
1. Recupera el esquema de ideas
Revisa las ideas principales y secundarias que has identificado. La estructura no puede analizarse sin comprender previamente el contenido.
2. Agrupa las ideas relacionadas
Reúne las informaciones que desarrollen un mismo aspecto del tema o cumplan una misma función.
3. Delimita las partes
Indica qué párrafos o líneas comprende cada parte. Las referencias deben ser precisas, pero no sustituyen la explicación.
4. Formula la idea principal de cada parte
Expresa brevemente qué contenido desarrolla, sin copiar fragmentos completos del texto.
5. Explica su función
Señala qué aporta esa parte: presenta el tema, explica causas, desarrolla consecuencias, compara, clasifica, propone soluciones, concluye, etc.
6. Identifica las relaciones entre las partes
Determina cómo progresa la información: enumeración, secuencia, causa-consecuencia, problema-solución, comparación-contraste, clasificación, pregunta-respuesta…
7. Describe la organización global
Explica cuál es el modelo predominante y, si resulta relevante, si la información avanza de lo general a lo particular o de lo particular a lo general.
Modelo de redacción
Un análisis de la estructura podría formularse así:
El texto se organiza en tres partes. La primera, correspondiente al primer párrafo, presenta el problema del desperdicio de alimentos y señala su magnitud. La segunda, desarrollada en los párrafos segundo y tercero, explica sus principales causas y las consecuencias económicas y medioambientales que provoca. La última parte expone varias medidas para reducirlo. La información responde, por tanto, a una estructura general de problema-solución, dentro de la cual aparece también una relación de causa-consecuencia.
Este análisis:
- delimita las partes;
- localiza cada una;
- resume su contenido;
- explica su función;
- identifica la relación predominante.
Errores frecuentes
1. Confundir estructura con número de párrafos
El texto tiene cuatro partes porque tiene cuatro párrafos.
Los párrafos pertenecen a la estructura externa, pero las partes internas deben establecerse según el contenido.
2. Limitarse a indicar las líneas
Primera parte: líneas 1-5. Segunda parte: líneas 6-12.
La localización debe acompañarse de la idea y la función de cada parte.
3. Resumir sin explicar la organización
Contar qué dice cada fragmento no basta. Hay que indicar también cómo se relacionan las partes y por qué aparecen en ese orden.
4. Utilizar siempre «introducción, desarrollo y conclusión»
Este esquema puede ser válido en algunos textos, pero no debe aplicarse automáticamente. Una división como presentación del problema, explicación de sus causas y propuesta de soluciones resulta mucho más informativa.
5. Asignar una parte a cada párrafo
Una parte puede abarcar varios párrafos y un párrafo puede contener más de una función.
6. Forzar una única estructura
Un texto puede combinar varios modelos. Debemos señalar la organización predominante y las relaciones secundarias relevantes.
7. Identificar una estructura sin justificarla
No basta con afirmar que el texto es deductivo o que sigue una organización de causa-consecuencia. Hay que explicar qué idea general aparece al principio o qué causas y consecuencias se desarrollan.
Idea clave: analizar la estructura no consiste en cortar el texto en fragmentos, sino en explicar qué plan organiza sus ideas, qué función cumple cada parte y cómo progresa la información.
Comprobación final
Antes de terminar el análisis, pregúntate:
– ¿He distinguido la estructura externa de la interna?
– ¿He dividido el texto según sus ideas y no automáticamente según sus párrafos?
– ¿He localizado con precisión cada parte?
– ¿He explicado la idea principal y la función de cada una?
– ¿He señalado cómo se relacionan las partes?
– ¿He identificado la organización predominante sin forzar una etiqueta?
– ¿He justificado las denominaciones que utilizo?
– ¿Mi análisis explica el plan del texto y no se limita a resumirlo?
Si puedes responder afirmativamente, habrás explicado cómo está construida y organizada la exposición.
